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Por miles de años - desde los más tempranos y obscuros comienzos de
la conciencia humana - la religión ha sido una fuerza
poderosa, que ha dirigido
a la humanidad constantemente hacia un objetivo desconocido. Esta
no ha sido la única fuerza conductora.
El hambre ha sido otra, así
como la ambición humana. Pero a través de la historia del
hombre la
religión ha ocupado siempre un primer
plano; para bien o para mal.
En su nombre reinos fueron construidos
y destruídos y naciones
vinieron a existir y fueron hechas
desaparecer. Bajo su
encanto, hombres se han elevado a los más
sublimes niveles de amor y auto-sacrificio, mientras que otros
cometieron en su nombre los más
crueles actos de violencia. Dio a muchos una forma más plena de
disfrutar la vida, y causo que muchos otros la despreciaran; como si
se tratara de una vanidosa ilusión. Llenó a algunos con tal fervor
creativo dándoles la fuerza para alcanzar imperecederas proezas
(culturales); mientras que en otros dio lugar a la superstición, el
oscurantismo y la estupidez. Pero para todos aquellos que la
siguieron con sinceridad, ya sea en una u otra de sus formas, la religión
significó, de alguna manera "la felicidad".
Por lo tanto, y a pesar de la tan grande y obvia diversidad existente entre las diferentes
profesiones y opiniones religiosas; debió haber habido o debe
haber, algo en común que todas ellas compartían y comparten.
Este "algo" debe ser muy importante, pues dio y da, la felicidad.
Obviamente, este "algo" es la convicción del hombre
religioso de
estar en concordancia con lo que él metafísicamente describe como: "La Realidad
Suprema o lo Absoluto"; cualesquiera que sean los dogmas de una religión;
sin importar que sublimes o primitivas sean sus enseñanzas, ya
sean monoteístas, politeístas o panteístas: la
principal esencia de cualquier experiencia religiosa es: primeramente; la convicción de
que todo lo que es o pasa en este mundo es el resultado de un
consiente y creativo Poder que lo abraza y abarca todo; o para
ponerlo más simple, una "Voluntad Divina"; en segundo lugar; el sentir que uno
está, o desea estar, en concordancia espiritual con las demandas de
aquella Voluntad, sabiendo que este sentimiento y este deseo están
basados en la facultad que posee el ser humano de juzgar entre el
Bien y el Mal. Pues, a menos que asumamos que una absoluta y planificadora Voluntad es la raíz de
toda creación, no hay
sentido en suponer que cualquiera de nuestras intenciones y acciones pudiese
estar intrínsecamente correcta o incorrecta, o ser moral o
inmoral; en otras palabras, a menos que creamos en la existencia de tal
Voluntad Planificadora, no tendremos una norma definida con la cual
juzgar nuestras intenciones y acciones.
En la ausencia de una creencia común, el concepto de la moralidad
pierde toda su precisión y se transforma, en primera instancia en una vaga serie de
convencionalismos; los cuales a su vez, se tornan (cada vez) más y
más sujetos a la "conveniencia", ósea si la intención o la acción
es de algún uso para la persona en particular (o para la comunidad
a la que la persona pertenece), o no. Consecuentemente, lo
Correcto y lo Errado se convierten en términos puramente relativos, a
ser interpretados en una forma arbitraria
de acuerdo a las necesidades personales (o de la comunidad), y a los cambiantes
requerimientos de la época y el entorno económico.
Estas reflexiones acerca del papel que desempeña el pensamiento religioso en el
campo de la moralidad adquieren una importancia única si
consideramos que la tendencia de nuestros tiempos es definitivamente antagónica
al pensamiento religioso.
Todos los días y en todas partes nos es dicho, por una cierta
clase de intelectuales, que la
religión no es más que una reliquia del pasado barbárico del
hombre; a ser reemplazado hoy en día, por la "Era de la
Ciencia". La Ciencia, dicen ellos, esta por tomar el lugar de los ya gastados
sistemas religiosos; la tan gloriosa e irresistiblemente creciente
ciencia, le enseñara al hombre a vivir en conformidad con la razón
pura, y eventualmente le ayudará a desenvolver nuevos patrones de
moralidad sin ninguna característica metafísica. Ahora bien, este ingenuo optimismo con respecto a la ciencia no es
en realidad
nada "moderno": esta extremadamente pasado de moda es,
a saber,
una copia ciega del ingenuo optimismo del occidente de los siglos 18 y 19. En aquel
entonces (y particularmente durante la segunda mitad del siglo 19),
muchos científicos occidentales creyeron que la solución a los misterios
del Universo se encontraba "a la vuelta de la esquina"; y que de ahí en adelante nada detendría
al hombre,
de ordenar su vida con una independencia casi divina y basadaen la racionalidad.
No obstante, los pensadores del siglo 20 son más reservados - por no decir escépticos (con
respecto a este tema). Estos han visto que la determinista ciencia es
incapaz de cumplir con las esperanzas espirituales que le habían sido
confiadas en el pasado reciente: porque los misterios del
Universo, se hacen más misteriosos y más complicados a medida que avanzan
las investigaciones. Cada día se
hace más evidente que nunca será posible responder mediante
medios puramente
científicos la interrogante de como apareció el universo, de como se originó la vida en
él y por lo tanto la interrogante acerca de la verdadera
naturaleza y propósito de la existencia humana. Pero mientras no
estemos en posición de responder a la anterior pregunta no debemos
siquiera intentar definir él "bien" y el "mal" simplemente
porque estos términos no tienen un significado a menos que estén o sean
relacionados a un conocimiento (real o imaginario) de la naturaleza y
propósito de la existencia del hombre. Y mientras no
estemos en posición de definir él "bien" y el "mal" no hay
sentido en hablar sobre patrones de moralidad.
Esto es lo que los científicos realmente avanzados están empezando a entender.
Encarados con la imposibilidad de resolver interrogantes metafísicas;
mediante la investigación física, estos han abandonado la infantil
esperanza de los últimos dos siglos: que la ciencia pudiese proveer las
directivas a seguir, en el campo de la ética. No es que ellos
desconfíen de la ciencia como tal: pero, al mismo tiempo se dan cuenta que
la ciencia no tiene una conexión
directa con la vida moral del hombre. La ciencia puede, y
efectivamente nos guía hacia
una mejor comprensión de nosotros mismos y del mundo que nos rodea; más
al estar solamente interesada en la observación de las leyes que
parecen gobernar las interrelaciones de esos fenómenos, la ciencia no
puede ser llamada a verter un veredicto sobre el propósito (si es que
existe) de la vida humana y de esta forma crear en nosotros una conciencia moral. Ninguna
cantidad de entusiasmo por el pensamiento científico puede
ocultar el hecho de que el
problema de la moralidad no esta comprendido dentro del campo >de acción de la ciencia. La
moral está, por otra parte, enteramente dentro del campo de la religión.
Es tan solo a través de la experiencia religiosa que podemos alcanzar (correcta o
incorrectamente) patrones de evaluación y apreciación ética y moral
(independientes de los efímeros cambios que se dan a nuestro alrededor), al
momento de reconocer algo bueno moralmente por el que valga la
pena luchar y algo malo moralmente que deba ser evitado. He
dicho: "correcta o incorrectamente" pues lógicamente, siempre existe la
posibilidad de que una religión (cualquier religión), esté equivocada en sus premisas metafísicas. Por lo tanto nuestra aceptación
o no de cualquier religión debe estar, en última instancia,
guiada por nuestra experiencia y nuestra razón, que nos dice que tanto
ésta religión en particular se encuentra en armonía con las
principales necesidades del ser humano tanto físicas como
espirituales. Mas, esta necesidad de utilizar nuestras facultades críticas
con relación a la religión no afecta en nada al enunciado fundamental de
que es tan solo la religión la que puede dotar a nuestras vidas de
un significado y por tanto promover en nosotros la necesidad de
conformar nuestro comportamiento a un patrón de valores morales
enteramente independientes de la momentánea constelación de nuestra
existencia. Dicho de otra forma: es tan solo la religión la que puede
proveer una amplia base para llegar a un acuerdo, entre los diferentes
grupos humanos; acerca de lo que es bueno (y por tanto deseable) y
lo que es malo (por tanto indeseable y evitable). ¿Y existe acaso
alguna duda de que tal acuerdo es un requerimiento absoluto e
indispensable para cualquier tipo de orden en las relaciones humanas?
Considerado desde este punto de vista, la necesidad de la religión (tomando la palabra
"religión" en su más amplio sentido) no es una nueva fase pasajera en la
historia del desarrollo humano; sino la máxima fuente de ética y
moralidad, no es el resultado de una credulidad vulgar y simple que
cualquier época o generación puede
"superar", sino la única respuesta a una necesidad real y básica del ser humano en todos
los tiempos y en todos los ambientes
En otras palabras, es un
instinto nbsp;
LA RELIGION HOY EN DÍA
No obstante, no hay forma de ocultar el hecho de que la religión se encuentra en una
franca decadencia en nuestros días. Esto no es debido a que la
naturaleza del hombre se haya "depravado": Esta continúa intrínsecamente
tan buena o tan mala como
siempre fue (propensa a ser elevada al más alto grado de auto-sacrificio, desprendimiento e idealismo o a descender al más
profundo abismo de crueldad o
codicia). Así como no existe ningún indicio de que el ser humano
haya perdido su instintivo deseo de coordinar
su vida individual con amplios intereses espirituales que trascienden los intereses
materiales de la existencia privada: pues, ¿Qué otra explicación hay
para justificar el semi-religioso fervor que presentan
ciertos movimientos modernos tales como el comunismo ó el nacionalismo? El hecho de
que estos movimientos no sean más que magros substitutos de la religión
en su verdadero sentido, no hace más que confirmar nuestra
afirmación de que el hombre moderno siente la necesidad religiosa
exactamente como las miles de generaciones antes que él lo sintieron.
Pero este va tras los substitutos, pues la "cosa" verdadera le
ha sido negada. Sí, porque le ha sido negada, los "guardianes"
oficiales de cada religión han fallado miserablemente en su más
esencial tarea: la de mostrar al hombre como ordenar el lado práctico
de su vida en conformidad con el apelo moral de la religión; así
muchas de las creencias religiosas convencionales, de hecho se han
alejado de los problemas y perplejidades
de la vida moderna. También debido a que, desde el punto de vista económico y
social, nuestros tiempos son esencialmente tiempos de confusión, el
fracaso de los líderes religiosos en guiarnos en los asuntos de
nuestra vida (terrenal) ha acarreado catastróficas consecuencias. Debido al rápido desarrollo de
las ciencias y de su aplicación práctica en la industria, las
comunicaciones, la guerra, las condiciones
de trabajo, etc. los sistemas convencionales de cooperación social han caído
en desuso en todo el globo. Los más elementales problemas de la
vida: el pan, la vestimenta, la pobreza, la seguridad, el trabajo y la
educación, se han hecho tan complicados que hoy en día se constituyen
en problemas en el más completo y desconcertante sentido de la
palabra. No es que alguna vez haya habido un periodo en el que
estas cosas hayan sido menos importantes de lo que son ahora. La
gente siempre necesitó pan y vestimenta, la pobreza siempre fue una amarga
preocupación y la seguridad siempre fue el objetivo. Pero en
épocas previas, cuando la sociedad no poseía su presente complejidad, todos estos problemas eran
comparativamente fáciles de
solucionar y no ocupaban por lo tanto, la mente del hombre en forma tan
desesperante como lo hacen hoy.
En virtud de su estupendo progreso en tiempos recientes la ciencia ha cambiado enteramente
las condiciones de nuestra existencia.
Ha abierto nuevos e inesperados horizontes, con todas las consecuentes complicaciones,
en casi todos los ramos de la actividad
humana. Ha hecho posible muchas cosas (algunas de ellas reativas y llenas de promesas
para el futuro, así como algunas destructivas y llenas de terror), que no hubieran sido ni siquiera soñadas por previas
generaciones: y precisamente debido a que estas cosas no eran ni siquiera soñadas (es decir, no habían sido
anticipadas en los conceptos
sociales desarrollados en el pasado),que la mayoría de la gente no
estaba, intelectual y moralmente, preparada en forma apropiada
para ellas, lo cual resultó en que ahora no poseemos ni la técnica
económica requerida, ni la madurez ética que necesaria para hacer
frente adecuadamente a la nueva situación. La intensidad de la
búsqueda humana de nuevas formas y medios
para resolver esta perplejidad se ve reflejada en el surgimiento de muchas ideologías sociales que se encuentran en
nuestros días luchando por el
predominio; y sus evidentemente conflictivas pretensiones nos
hacen darnos cuenta que la base misma de nuestra manera de pensar convencional - el asegurar la
estabilidad nuestras
formas sociales y en las relaciones entre los hombres- ha colapsado
completamente.
Este confuso remolino de filosofías socioeconómicas no se mantuvo, y no podía mantenerse
confinado al lado puramente material de nuestros asuntos. Ha invadido nuestras creencias
también. Naturalmente,
la confusión de nuestras políticas y economías da lugar a la aparición de un criticismo
de largo alcance acerca de las< convicciones
éticas y religiosas sobre las cuales descansan esas políticas y economías; también
debido a que nuestros líderes religiosos
han estado hasta ahora acostumbrados a tomar todo convencionalismo por seguro, sin
contribuir casi nada a la búsqueda de una solución a las
perplejidades que acosan a la vida moderna. Así la intranquilidad política
y socioeconómica de nuestros tiempos tiene su contraparte y acompañante
en la profunda intranquilidad en el plano ético.
No es difícil ver que la interrogante acerca de que es "bueno" o
"malo" en un relativo y socioeconómico sentido (en otras palabras: ¿(El adoptar) que
forma de organización social daría como resultado el máximo de bien común?),
esta íntimamente relacionado con la interrogante acerca de que es
"bueno" o "malo" en un absoluto y espiritual sentido: y es
por esta razón que muchas personas, en el Este al igual que el Oeste, están
empezando a sentir una intranquilidad
que no es exclusivamente consecuencia de la confusión política y económica de
nuestros días. Fuertes dudas han sido levantadas en cuanto a sí es
que el mero reordenamiento del actual sistema económico o la mera
victoria de esta o aquella ideología política será suficiente para
resolver el presente caos y hacerlo asemejarse a algo parecido con
el orden. Lentamente la convicción de que algo más profundo que la
mera pugna y conflicto político y económico entre las diferentes
corrientes (sin disminuir la importancia
de esta), sean los responsables únicos de la evidente confusión de nuestros días va
ganando terreno. Este "más profundo algo" es el obvio colapso
de todos los estándares de valorización moral. Ahora nos damos
cuenta que la crisis de nuestros tiempos es,en realidad, una crisis de ideas
éticas y morales.
Casi todos los conceptos éticos que hasta ahora despeñaban un activo papel en la definición
de las relaciones sociales del hombre y la idea de un "bien común"
se encuentran hoy en día sometidos a una severa prueba, y muchos de ellos
han sido encontrados inadecuados para las demandas de la vida
moderna. Debido a que la mayoría de los líderes religiosos en el
mundo se han habituado a considerar a los convencionalismos sociales prevalecientes como sinónimos de
la religión y, por tanto,
han probado ser inefectivos en su verdadera tarea: la de guiar al hombre en sus emprendimientos prácticos; es
que creencias
religiosas de siglos de antigüedad se han visto sacudidas y se encuentran ahora y en todas
partes en franca decadencia. Muchos convencionalismos sociales que
eran habitualmente relacionados con esas creencia (y fuesen por lo
tanto creídos como basados en fundamentos
eternos), se encuentran hoy en día desmoronándose; no solo en esta o aquella
comunidad, sino en todas las comunidades y en todas las partes del globo.
Hablando en forma general; la religión se encuentra, en todas partes,
en retirada y esta siendo suplantada (muy inadecuadamente), por
ciertas emociones y convicciones
"sustitutas": tales como el infantil entusiasmo por la llegada de la "Era de la
Ciencia", o (más peligrosamente) por una apasionada adoración de los
dioses del nacionalismo.el culto al nacionalismo- tan característico
de nuestros tiempos- tiene un tinte emocional y casi místico que le
da esa resemblanza superficial con la religión; pero, a diferencia de
la religión, la cual empieza y termina con el concepto del
"Bien y el Mal absoluto" (sin importar lo diferente que este concepto sea
en cada religión), el nacionalismo niega, en su misma esencia, la
existencia de un "Bien y un Mal absolutos". Este
reconoce estos términos tan solo en un sentido relativo; es decir, en relación
a lo que es o parece ser bueno o malo para el desarrollo de una nación
en particular; destruyendo así las ismas bases de la ética y la
moral.
Sea cual fuere el ángulo desde el que enfocamos este problema, no debemos olvidar que
a través de la historia humana la ética fue derivada, directa o
indirectamente de pensamiento religioso.
Hasta ahora, ninguna fuente alternativa de ética ha sido descubierta; ni existe la más mínima
indicación de que una ética "no religiosa" sea posible
(pues lo que sea que hoy en día toma su lugar es en realidad una herencia
subconsciente del pensamiento religioso de la vida humana que alguna vez
estuvo lleno (y lleno hasta la satisfacción)
con creencias y esperanzas religiosas que hoy en día esta siendo transformado gradualmente en un vacío, un vacío en
el que nada
puede florecer sino la desesperación: una terrible desesperación e incertidumbre en cuanto al
futuro, al propósito y justificación espiritual de su existencia y a sí en realidad existen tales
valores como el Bien y el
Mal.
La severidad de los conflictos, físicos y morales que hoy en día sacuden a la humanidad; la desesperada ferocidad (dictada principalmente por el temor)
con la que naciones y grupos dentro de las naciones, compiten entre sí
por el poder; el desdeño universal del derecho y la justicia, la
despiadada explotación del débil por el más fuerte y la desconfianza de
todos hacia todos; todos estos fenómenos no son más que síntomas
de la frustración ética de la cual la mayoría de la humanidad
moderna adolece (una frustración que es la verdadera responsable de todas
las guerras y luchas civiles de nuestro tiempo y que causa
indescriptible miseria en el cuerpo y la mente a un incalculable número
de personas. El sentimiento de inseguridad social y moral, la
sensación de que nuestros asuntos se están precipitando rápida y
salvajemente, como un río que ha obrepasado sus orillas, hacia
desconocidas e impredecibles direcciones
esta constantemente en el pensamiento de los más consientes de nuestra generación. LA RELIGIÓN Y EL OCCIDENTE
Los fenómenos anteriormente mencionados afectan al mundo de Islam también. Nosotros,
al igual que todos los demás, vivimos en el medio de un remolino. Para
nosotros, como para los demás el tiempo de confusión moral ha llegado.
Nuestra sociedad se encuentra en un estado de agitación.
Muchos de sus convencionalismos (por mucho tiempo honrados), algunos de
ellos irrelevantes a la vida islámica, pero muchos de ellos indispensables para ella, se están
disolviendo hoy en día
bajo la presión de la influencias culturales occidentales y de las necesidades económicas que se suscitan por causa de
nuestra sumisión
a aquellas influencias. A pesar de todas las consignas y lemas que se levantan hoy en día
en el nombre del Islam, y a pesar del entusiasmo
(prevaleciente especialmente en el sub-continente Indo-Pakistaní ),
existente en pro de una reorientación del pensamiento político y económico
de los musulmanes hacia el Islam; a pesar de todo esto, se prevalece
el hecho de que para la mayoría de los musulmanes de nuestra época
el apelo de la religión se está convirtiendo, rápidamente, en
algo puramente teórico y que cada vez menos y menos individuos están
preparados para aplicar (poner en práctica) los principios del
Islam (a pesar de las consignas y lemas que proclaman) en su
comportamiento personal y en sus empresas sociales.
Nuestros occidentalizados "progresistas" ni siquiera se
molestan ennegar esto.
La mayoría de ellos sostiene, con una mueca de auto-satisfacción en sus rostros, que "el espíritu de la época
esta en contra del
pensamiento religioso".
Ahora bien, esto es totalmente cierto. El espíritu de la época esta en contra del
pensamiento religioso; pero es un espíritu nacido y criado en el occidente
relacionado únicamente a las experiencias históricas del occidente, y que nada tiene que ver
con problema
del Islam. Ya que si los pensadores occidentales se encuentran predispuestos en contra de la religión se los puede
hasta atender y excusar basándonos
en sus experiencias con su propia religión; el cristianismo. Tal excusa no es válida, históricamente hablando, para los musulmanes. El concepto islámico de y la experiencia de los musulmanes con la religión son de una
naturaleza muy diferente – tan diferente que tan solo la estupidez extrema podría
impedirle a una persona el darse cuenta que la religión como tal
no ha sido desacreditada, sino tan sólo la forma peculiar que ésta adquirió en el occidente.
Hablando en forma general, el cristianismo ha fallado debido a que desde sus comienzos éste
se ha divorciado del aspecto materia de
la existencia humana, de su vida corporal , de sus necesidades y deseos
físicos, de sus economías y de sus políticas. Trazó una línea divisoria entre "lo que es de Dios" (o la ética y la
moralidad) y "lo
que es del César" (o, el gobierno, la economía y la organización social): una consecuencia lógica de la enseñanza cristiana primordial que postula
una gran brecha entre la susodicha maldad de la vida "natural" en este mundo y lo bueno de
la espiritualidad
"sobrenatural".
En la teología cristiana, el espíritu y la materia son entidades esencialmente opuestas
una a la otra. La materia es esencialmente dominio del Mal y la vinculación del hombre
con ella es sinónimo de
una vinculación con el Mal. Consecuentemente se hace necesaria una "redención" para que el espíritu del
hombre pueda liberarse a sí
mismo de las garras de la materia y vuelva así, a su estado ideal del cual había caído
debido a un incomprensible acto de perversidad llamado "Pecado
Original". Según San Pablo, el verdadero mentor de la metafísica
cristiana, la fuente de todo pecado es la "carne".
Así, la ética cristiana descansa en la condenación del aspecto físico sensual, de la
vida del hombre. Sea lo que fuere que la teología cristiana moderna
haya hecho o esta tratando de hacer con su actitud original en este
respecto, no hay duda que ese desprecio por la vida sensual se encuentra
enraizado en sus enseñanzas. En la Edad Media, cuando la Iglesia
era la única fuente de conceptos éticos para los europeos, lo correcto
de esta actitud nunca era puesto en tela de juicio, y la vida del
cuerpo, con todas sus sensaciones y deseos era considerada inferior, y opuesta a la vida espiritual.
Aún en nuestros días,
donde el cristianismo ha perdido gran parte de su influencia sobre la mente
Occidental y los derechos del cuerpo tienden a ser cada vez más y más
exaltados (y hasta exagerados), el disminuido significado atribuido
a la palabra "sensualidad" en todos los idiomas europeos nos
da una amplia evidencia de sus antecedentes éticos. Un ejemplo de
esto puede ser visto también en la ingenua suposición, tan popular en el
occidente, de que el profeta Muhammad (Mahoma) "no pudo haber
sido una persona de elevada espiritualidad" debido a que disfrutaba y
aconsejaba a sus seguidores disfrutar de la más intensa de todas las
experiencias sensuales: la vida sexual Ninguna interpretación apologética o moderna puede ocultar la
actitud antisensual
y antifísica del cristianismo, y ninguna de las concesiones que los teólogos
cristianos se ven obligados a hacer por causa de la cambiante mentalidad del occidente puede cambiar este
hecho histórico.
La severidad del dilema que el cristianismo impuso sobre la mente de sus creyentes puede ser
percibida en su totalidad si es que recordamos que la más elemental
de las necesidades sensuales (la unión del hombre y la mujer)
es, según las enseñanzas de la Iglesia, la causa directa y el símbolo
eterno del Pecado Original. Pero, como era de esperarse la Iglesia no
podía lograr lo imposible. No puede, en realidad, eliminar las
"necesidades de la carne" de la vida del hombre. De igual manera, y
a pesar de su insistencia acerca de la "maligna"
naturaleza del mundo de la Materia, la Iglesia no pudo suprimir el interés natural del
hombre en los asuntos terrenales y su deseo de progreso material.
Por lo tanto, en los albores de la Edad Media, se llegó a un compromiso
entre las no erradicables tendencias del hombre por un lado, y las
enseñanzas de la Iglesia por el otro. La Iglesia dio a entender,
silenciosamente, que todos esos aspectos vitales de la naturaleza humana
son un tipo de "mal necesario"; y más tarde, que estos no tienen
porque estar siempre en contra de las demandas de la religión, pero
que no tienen simplemente nada que ver con la religión. Con esto
se relego a todos los aspectos prácticos de la vida a un campo fuera del
dominio de la religión, así la Iglesia dio a luz a esta típica
idea del occidente: que la religión y los asuntos terrenales
pertenecen a diferentes áreas de la vida.
No es, por lo tanto, debido a un defecto moral por parte de los europeos o americanos que en
la práctica estos nunca se adecuaron a los principios del
cristianismo, comenzando por la demandade "volverle las espaldas a este mundo" y terminando con
la exhortación
"amad a vuestros vecinos como os amáis a vosotrosmismos". Ellos nunca pudieron adecuarse a estos principios.
Ni la Iglesia misma, a
decir verdad, alguna vez insistió seriamente en la aplicación práctica de sus
enseñanzas; ésta siempre se conformó plenamente con la mera postulación
de estas como un ideal teórico e inalcanzable. Aún los
pensadores cristianos modernos parecen estar de acuerdo con esta actitud de
la Iglesia, tal y como lo vemos en la siguiente cuotación:
"Estos patrones absolutos explícitamente afirmados en el
Nuevo Testamento
son en verdad los ideales que todo cristiano tienen la obligación de alcanzar, pero
que son a pesar de esto, inalcanzables ... el carácter de la enseñanza moral de los
principios absolutos,
y de todos los eventos registrados en los evangelios con respecto a nuestros asuntos
diarios no es el de una aplicación directa".
(E.
Barker y R. Preston, Christians in Society, Londres
1938,
pag. 28. Las cursivas son mías).
Para un musulmán, educado con un concepto muy diferente de lo que es la religión, puede
que suene extraño que la gente haya podido estar satisfecha con éticas
que están separadas de los problemas
prácticos de la vida: pero es así como la ética siempre fue, con muy pocas excepciones,
concebida en la sociedad cristiana.
El colapso moral y social de la civilización occidental actual, esta íntimamente ligado
a este dualismo trágico, el cual se vio forzado a entrar por causa
del cristianismo. Por más de quince siglos, la ideología ética y moral del occidente fue derivada
del cristianismo:
esto quiere decir que por más de quince siglos el occidente fue sistemáticamente enseñado que las
convicciones morales no son
un asunto de "aplicación práctica", en otras palabras, que las éticas no deben interferir con la vida
"real". Todas las catástrofes que suceden hoy en día al mundo occidental, están
en última instancia, relacionadas con aquel hábito mental dualista,
que traza una cortante línea
entre las convicciones morales y la "conveniencia"- esa espléndida excusa para cometer
cualquier acto inmoral
siempre y cuando sirva a los intereses del que los comete o al de su clase o comunidad. A pesar de las aserciones que afirman
lo contrario, ninguno
(T. o casi ninguno), de los economistas o políticos del Occidente
permitiría que sus convicciones morales se sobrepongan a la
"conveniencia": pues, mil quinientos años de cristiandad les han enseñado de que la ética y la moral
tienen que ver con ideales
bellos, apropiados para ser discutidos en sermones edificantes en la iglesia, pero
- "los negocios son negocios".
Debido a que el cristianismo fue la única experiencia religiosa
del occidente por muchos siglos, los occidentales han crecido acostumbrados a
identificarlo con la "religión" en general; así su moderna y obvia decepción
con el cristianismo ha asumido la forma de una decepción general,
es decir, con el principio religioso en si. Claro que en realidad
estos se han decepcionado con la única forma de religión que han
conocido. Estos se han, o se están rápidamente decepcionando de una religión que promete justicia y felicidad
en el mundo más allá, pero que no tiene nada que ofrecer a las
desesperantes necesidades de este mundo: una religión que
no puede hacer la más mínima contribución en pro del establecimiento de la
equidad social, sino que ella misma se confina a una inefectiva
predicación de la moralidad; una religión que ha creado una Iglesia - o
sea, un grupo de creencias, dogmas y esperanzas trascendentales, pero no así un programa positivo de
vida social e individual. Al mismo tiempo recuerdan que la
Iglesia en muchas ocasiones
le brindo una mano de ayuda a la opresión y a la explotación: a saber, los
poderes seculares ansiosos de mantener intactas las condiciones
sociales que eran claramente injustas para con muchos, pero muy
beneficiosas para los detentores del poder mismo. ¿Porque extrañarse
entonces de que para muchos occidentales el nombre mismo religión sea
motivo de sospecha y desconfianza; simplemente debido a su temor de
que los intereses religiosos vayan, nuevamente, a ser usados como
una excusa por las fuerzas de la obscuridad
y la opresión?.
¿Y QUE ACERCA DEL ISLAM?
Aunque, como dije antes, los pensadores occidentales tengan
ampliasrazones
para sentirse decepcionados y desconfiados con respecto a la religión, los pensadores
musulmanes no tienen tales razones válidas. Ya que donde el
cristianismo ha fallado tan evidentemente, el Islam ha tenido éxito
Primeramente, el Islam desconoce cualquier tipo de división de la vida en "física" y
"espiritual", y nunca ha reducido la religión a un mero culto espiritual. El
sistema que nuestro Santo Profeta enunciara en los veintitrés años de su ministerio se refiere no
tan sólo
a temas espirituales, ni es su único objetivo alcanzar la rectitud individual, sino que
provee un sistema de guía para todas nuestras actividades sociales e
individuales también. Abarca la vida en todos sus aspectos, morales y
físicos, individuales y comunales; los asuntos de la carne y la
mente, los del sexo y la economía, de la moralidad y la estética tienen
- lado a lado con los asuntos de la adoración y teología- su lugar
legítimo en las enseñanzas del Profeta. Nos ha sido
ofrecida a través de él, una visión de una sociedad equitativa, y del tipo
de hombre que esa sociedad presupone.
Nos ha sido dado el perfil de un esquema político (el perfil o plan general solamente,
pues los detalles de las necesidades políticas y económicas del
hombre están superditadas al tiempo y son por lo tanto, variables), así
como se nos ha dado un esquema con derechos individuales y
obligaciones sociales en el cual todas las posibilidades de la evolución histórica están debidamente
anticipadas. Y como no
existe una división de la realidad en "física" y "espiritual", no hay
posibilidad de dividirla en planos "natural" y
"espiritual". Para un musulmán todo lo que es o pasa esta dentro de la esfera de
lo natural; pues la Naturaleza, que es la suma de toda la Creación,
visible e invisible, concreta o abstracta y las susodichas Leyes
de la Naturaleza no son más que la forma en que la Voluntad de Dios
se hace manifiesta. En tal esquema o plan no puede haber conflictos
entre los aspectos físicos y morales de la existencia humana; estos
son inesperables y por lo tanto igualmente
"justificados".
Segundo, el vergonzoso papel que tan comúnmente ha desempeñado la Iglesia en la historia social de Europa nunca ha tenido
una contraparte en la historia del Islam. Casi sin ninguna excepción, los grandes
exponentes de la teología y jurisprudencia islámica fueron los más
celosos defensores de los derechos humanos. Son ellos los que siempre se
levantaron, (casi siempre a costa de un gran sacrificio personal, y
algunas veces aún la muerte), en contra de la tiranía y la opresión,
imponiendo así los más severos frenos al deseo de los detentores del
poder de explotar. Es en su totalidad crédito de tales
'ulama del pasado y de la religión que los inspiró que las naciones musulmanas se
salvaron de la indignidad que fueran el pan de cada día en Europa por muchos siglos.
Tercero, mientras que siempre existió un conflicto entre el
cristianismo y la ciencia (que se manifestó, por un lado, en dogmasirracionales y fantásticos, y
por otro en la más atroz persecución de la Iglesia contra el pensamiento
científico y los científicos hasta los tiempos modernos), vemos que
nos es imposible descubrir el más mínimo conflicto entre el Islam
y la ciencia, ya sea en las enseñanzas
del mismo o en la actitud de los 'ulamas, musulmanes hacia los científicos.
Este último punto nos ofrece un testimonio muy importante concerniente a nuestra discusión;
ya que es innegable que la principal
objeción del Occidente en contra de la religión son los enunciados anti-terrenales del
cristianismo en general y su histórica oposición
a la marcha de la ciencia, en particular. Si le aumentamos a esto las severas restricciones que la mayoría de los dogmas cristianos le imponen al intelecto, podremos fácilmente entender la
consigna actual: "La
Religión se opone a la ciencia". Pero los pensadores occidentales nunca se
detienen para indagar un poco, si es que el aspecto y la actitud de
la Iglesia cristiana son dignos ejemplos de la religión como
tal, es decir, de todas las religiones.Con la misma arrogancia con la
que ellos asumen que la civilización occidental es el máximo cúmulo
de toda civilización que pueda existir; asumen (T. más bien
dan por hecho), que la ética cristiana (aunque nunca la hayan seguido
en la practica), es lo máximo a lo que la religión puede aspirar; y que su exclusiva experiencia con las
acciones de la Iglesia cristiana
implica que el buen o mal comportamiento
de esa Iglesia ofrece un criterio general en cuanto a la religión.
;
Ahora bien, el cristianismo ha estado opuesto al pensamiento
científico, conscientemente,
por un largo periodo de tiempo y empieza tan solo en nuestros días (bajo
una compulsión nacida de la derrota) a descubrir que "no existe
conflicto entre la religión y la ciencia". Pero, ¿No
sería posible que otras religiones hayan llegado a la misma conclusión, no
debido a la presión de la derrota cultural, sino por sus mismos principios?
¿No es posible, por otra parte, que otras religiones (u otra religión),
haya sido construida sobre la idea de que no existe conflicto entre la ciencia y la religión? Me estoy refiriendo por supuesto
al Islam. De hecho, la historia islámica muestra, con respecto
a la ciencia, una imagen diferente a la ofrecida por la cristiandad.
No solo que el Islam nunca se opuso a la ciencia; sino que hasta le
confirió a la misma y a las empresas intelectuales en general algo de
la santidad de la adoración. En manifiesto contraste con los
registros de la Iglesia cristiana (la quema
y tortura de estudiosos, la despiadada destrucción de tantos trabajos científicos, la
supresión de la libertad de pensamiento en cada esfera de la vida), en
contraste con estos terroríficos antecedentes de la Iglesia, la
historia no muestra ni siquiera el caso de un científico (de
cualquier rama), siendo perseguido bajo el dominio de los musulmanes debido
a sus descubrimientos científicos. Persecución de teólogos sí ha habido: intentos ocasionales de
suprimir a personas que se habían desviado de la teología "ortodoxa" de la época; pero los científicos
nunca, simplemente debido a que el Islam inculcó en sus seguidores el más grande respeto por el aprender
e hizo de "la búsqueda del conocimiento la obligación sagrada (faridah) de cada musulmán".
No es por accidente, entonces, que muchos de los pioneros musulmanes de la
ciencia cuyos nombres son conocidos alrededor de todo el mundo,
fuesen al mismo tiempo, sobresalientes teólogos y fuqaha. A estos les bastaba tan solo dirigir su atención hacia el Corán y la Sunna
del Profeta para poder descubrir que adquiriendo el conocimiento
científico éstos adorarían aún más a su Señor. Cuando leyeron el
dicho del Profeta (citado por el Bukhari), "Dios no hace descender una enfermedad sin que
descienda la cura con
ella", entendieron que mediante la búsqueda de curas desconocidas ellos estarían
contribuyendo al cumplimiento de la Voluntad Divina; así la
investigación médica se vio investida con la santidad de una obligación
religiosa. Al leer el versículo: "¿Es que no ven los que se
niegan a creer que los cielos y la tierra estaban juntos y los separamos?
¿Y que hemos hecho a partir de agua toda cosa viviente? ¿No van a
creer?" (Sura 21:30). Y
en el empeño de entender la profundidad de estas palabras empezaron a estudiar los organismos vivos;
y establecieron la ciencia de la Biología. El Corán indica que la armonía
de las estrellas y su movimientos testifican la gloria de su
Creador: así la ciencia de la astronomía y las matemáticas fueron practicadas por los musulmanes con un
fervorque
en otras religiones esta reservado tan solo para las oraciones.
En la misma manera fueron cultivadas la fisiología, la química,
lazoología
y todas las otras ciencias en las cuales el genio musulmán habría de encontrar su más
imperecedero monumento.
En aquellos tiempos lejanos cada musulmán estaba acostumbrado a la opinión de que "el
científico camina por la senda de Dios", tal y como el Profeta lo expresó
tan bellamente; también hay muchos ejemplos de los altos honores
que les fueran otorgados, por los líderes musulmanes y la
sociedad islámica, a los buscadores de la verdad científica y de los más
grandes incentivos prácticos que se le hayan dado a la investigación
científica, son realmente incontables.
A lo largo del periodo creativo de la historia del Islam, es decir, durante los primeros
cinco siglos que vinieron después de la Hégira , la ciencia no tuvo
mayor campeón que la civilización islámica, y tierra más segura
y fértil que las tierras en las que el Islam se imponía.
Resumiendo, fue el Islam el que incentivó los logros culturales que se
constituyen en una de las más orgullosas páginas en la historia de la
humanidad: y dio este incentivo, diciendo: Sí a la vida y
No al Ascetismo, Sí al intelecto y No al oscurantismo, Sí a la acción y
No al ocio y la pereza.
ANALIZANDO
UNA OBJECIÓN:
Veamos ahora como un pensador occidental contemporáneo,
formula la objeción moderna a la religión:
"Se debe admitir que el cristianismo moderno o las grandes
religiones del
mundo no están del todo infundadas. El absolutismo intelectual de estos y su concentración en
concepciones metafísicas han tendido a apartar la mente del hombre del
mundo material y de la actividad social práctica. Pero
esta preocupación por lo Eterno, lo Absoluto y el espíritu "del
otro mundo" , es lo que genera antipatía en las mentes modernas ya que parece
destinada a destruir el valor y el significado del conocimiento
relativo, es decir, de la ciencia natural; y de la vida humana
misma. La presente era parece demandar una religión que sea un
incentivo a la acción y un justificativo al progreso material y social que
ha sido el logro particular de los últimos dos siglos".
(Christopher
Dawson, Progress and Religion, ed.
1938, pag. 251).
Ahora bien, si analizamos imparcialmente esta acusación en contra de la religión
encontramos que se adecúa perfectamente; palabra por palabra, al
cristianismo y a otras religiones místicas, pero con certeza no se refiere
al Islam. Es más, la anterior citación confirma,
indirectamente, todo lo que el Islam representa y defiende.
Mientras que en el cristianismo existe indudablemente
mucho "absolutismo
intelectual" debido a su insistencia en dogmas que son difíciles o hasta
imposibles de comprender (por ejemplo el Dogma de la Trinidad, o el Sacrificio
Vicario), no encontramos nada parecido
en el Islam. Por el contrario todos sus conceptos éticos están basado en el uso del
sentido común; la razón, y no las emociones místicas, es
considerada la más legítima forma de religión sin importar lo que
algunos de nuestros esotéricos Sufis puedan decir): ya que Dios es la
Razón perfecta. Además, el Islam n está "concentrado en
concepciones metafísicas", sino que por el contrario, limita toda metafísica
a la única enseñanza de que Dios existe, en completa
autosuficiencia, omnipotencia, en justicia y misericordia. Todas las
otras especulaciones en cuanto a Sus "cualidades" , son
simplemente vapor y juegos infantiles. Estas debieron haber sido un intrigante pasatiempo para los teólogos
musulmanes en el milenio pasado,
pero no son en lo más mínimo,relevantes a las genuinas enseñanzas
del Islam.
Sabemos, también, que el Islam no tiende a "apartar la mente del hombre, del mundo material y
de la actividad social práctica",
por el contrario, insiste en que
este mundo material es un aspecto positivo de la creación, y hace
por lo tanto de la actividad social (la cual es el esfuerzo del
hombre por mejorar sus condiciones de vida), una parte integral de sus
postulados religiosos. Al no estar "preocupado" (T.
absorto), con lo Eterno y lo Absoluto, el Islam pone como ya lo hemos
visto, un gran énfasis en el valor del relativo conocimiento científico
y en la vida humana misma; y así provee ese "incentivo a la
acción y ese justificativo para el progreso material y social"
que el escritor citado anteriormente describe como la principal
demanda de la era actual, y que debido a una extrema mala interpretación de la historia, el cree ser el
"logro particular" del Occidente moderno.
Resumiendo, no existe y nunca existió, un conflicto entre la
ciencia y el Islam,
por la simple razón de que no hay conflicto
entre la naturaleza humana y el Islam. Sus enseñanzas
ponen un positivo énfasis en todas las manifestaciones
de la vida- la vida del cuerpo, de la mente, del
organismo social; para así proveer el más fuerte estímulo
posible en la lucha del hombre por alcanzar la verdad y
la felicidad.
La exclamación: " La religión es algo del pasado", es en
su más
profundo origen, una exclamación del Mundo Occidental. En
el Mundo
del Islam, esta no tiene significado alguno tan solo la falta de perspicacia de gente que ha
crecido acostumbrada a considerar a la civilización occidental como La
Civilización (i e. La única y verdadera) ha hecho posible que
se crea que el criticismo occidental de la religión (gobernado como
está por las experiencias religiosas del occidente), pudiera afectar
al Islam y a sus premisas también; pues no hemos visto que alguna
de las genuinas proposiciones del Islam haya sido encontrada
deficiente por el juicio del lasverdaderas demandas y
necesidades humanas.
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