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“En
el nombre de Dios, el clemente, el misericordioso”
PRINCIPIOS BASICOS PARA LA COMPRENSION DEL CORANPor : Abu Al-A'la Al-Maududi |
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Sin el conocimiento de los
fundamentos del Corán, la comprensión de los fines, tesoros,
legislaciones y enseñanzas del Islam sería una tarea humanamente
imposible. El eminente erudito,
profesor Al-A'la Al-Maududi, nacido en Pakistán el 25-9-1903 (D.C.),
y muerto el 22-9-1979 (¡Que Dios le conceda el perdón y la
misericordia!), es el autor de esta publicación que sirvió de
introducción a su monumental obra "El significado del Corán”,
en la cuál se hace una brillante exégesis, conforme a la más
estricta ortodoxia islámica. Además, hemos incluido al
final de este libro, la explicación de la Sura Al-Fatiha (La
Apertura), extraída y traducida al castellano del mismo libro
"El Significado del Corán”, con el texto original en árabe,
su fonética y la traducción de su significado. Rogamos a Dios -alabado sea-
que conceda su beneplácito a nuestro profesor Al-Maududi y le otorgue
el Paraíso como recompensa. Rogamos a Dios -alabado sea- que los
tesoros intelectuales que el autor nos legó en sus obras, pesen en su
favor en la balanza de la Justicia Divina , y sean antorcha para los
creyentes en esta vida. Imploremos a Dios que le
otorgue la mejor recompensa. A Dios retornamos. Dios es el más grande y a
Él pertenece la excelsitud. Antes
de empezar el estudio del Corán, debemos tener presente que es un
libro único (Sin Igual), completamente diferente de todos los libros
convencionales – información, ideas y argumentos sobre temas específicos
con arreglo literario. Por ello, un lego en la materia se desconcierta
al no hallar anunciados los temas, capítulos y selecciones conforme a
un orden convencional, o tratados separadamente. Por el contrario, los
diferentes aspectos de la vida son tratados de una manera
completamente diferente. El Corán trata de creencias, instrucciones
morales, estatutos y leyes; advierte a los incrédulos, exhorta a los
seres humanos a abrazar la Fe Islámica. Expone
enseñanzas de eventos históricos, amonesta, anuncia las buenas
nuevas, y todo ello mezclado de una hermosa manera. El mismo tema se
repite de modos diferentes y un asunto sigue a otro sin ninguna conexión
aparente. A veces un tema nuevo aparece en medio de otro sin razón
obvia. El orador y el interlocutor, y la dirección a la que se
orientan, cambian inopinadamente. Los sucesos históricos no son
presentados como textos históricos a la manera del humano
historiador. El tratamiento de los problemas de la filosofía
y la metafísica difiere de los textos consagrados, por el
hombre, a estas materias. El ser humano y el universo son considerados
en un lenguaje diferente empleado a las ciencias naturales. Igualmente
es original en su método par resolver los problemas culturales, políticos,
sociales y económicos. Los principios y mandatos de
la ley son tratados de modo totalmente diferente al de los sociólogos,
legisladores y juristas. La moral es anunciada y predicada de una
manera que no tiene paralelo en toda la literatura acerca del tema. Por
ello, el lector desprevenido considera el texto coránico con ideas
preconcebidas, y al no hallarlo convencional, se desconcierta y lo
juzga incoherente, sin orden en sus versículos o continuidad en el
tema. Como resultado de esa falta de iniciación en el texto del Corán,
sus detractores se atreven a elaborar falaces y disparatadas
objeciones. Esto a veces, llega a perturbar a alguno de sus modernos
seguidores que, para liberarse de dudas, se amparan en extrañas
consideraciones. Eluden la elucidación de la cuestión elaborando
sorprendentes elucubraciones para tranquilizarse. A veces intentan
crear conexiones artificiales entre los versículos y llegan a aceptar
incluso la concepción – forjada por los detractores- de que no hay
coherencia ni orden en los temas y, por ende, los versículos aislados
de su contexto dan lugar a confusión en la apreciación de su
significado. Esto
sucede cuando el lector inadvertido no toma en consideración el carácter
Único y sin Igual de la Revelación de Dios contenida en las Suras y
versículos coránicos. Para penetrarse en la Revelación Coránica,
toda idea preconcebida al respecto del estilo, método y orden, así
como la concepción de lo que debe ser un libro de "religión”,
deben ser desechadas. Sin prejuicios podrá penetrarse en su esencia,
y aprovechará enriqueciendo su alma con un tesoro único e
incalculable. El
lector iniciado en el conocimiento del Corán estará a salvo de
cualquier apreciación falsa, pues estará advertido de su carácter
absolutamente único y original. Sabedor de su carácter Sin Igual,
sin parangón por tanto, como todos los libros, prescindirá de las
engañosas e insidiosas ideas preconcebidas. Sólo así podrá
alcanzar el pleno y cabal conocimiento del Corán y penetrarse en el
Mensaje Luminoso del Islam. Preciosos
auxiliares para desentrañar la Verdad Coránica serán el
conocimiento de su auténtica naturaleza, su idea central, su meta y
tema. Así mismo, el estilo, términos y métodos, ambiente y
circunstancias (o contexto histórico), deben ser tenidos bien
presentes para penetrarse en sus evidencias. GUÍA DIVINAPenetrando
en la real naturaleza del Corán, independientemente de su creencia,
el lector tendrá que considerar como punto de partida, la afirmación
de que el Corán y su mensajero Muhammad (la paz y las bendiciones de
Dios sea con él) representan la guía divina. El
Señor del Universo, su Creador, Señor y Soberano, creó al hombre y
le concedió la facultad del conocimiento, de hablar, entender y
discernir lo recto de lo errado y lo bueno de lo malo. Dotó al hombre
de libre albedrío, responsabilidad, libertad de acción y le dio
autoridad para disponer y utilizar las cosas que lo rodean. O sea, le
acordó una especie de autonomía, estableciéndolo en la tierra como
su vicario e instruyéndolo a tal fin para que viva de acuerdo con su
Guía. Al
designar al hombre como su vicario en la tierra, Dios le advirtió muy
clara y precisamente en cuanto a su misión y posición en la vida
terrenal y a su relación con Él, como si hubiere dicho: -“Yo soy
tu Amo y soberano, y el del universo; por tanto, sólo a Mí debes
adoración. Has sido enviado a la tierra con ciertos poderes y por un
periodo determinado de tiempo, para ser probado. Después regresarás
a Mí. Entonces juzgaré tus obras. El recto camino es aceptarme y
adorarme y comportarte conforme a la Guía que yo concederé. Debes
vivir en la tierra con la firme convicción que es tan sólo el
escenario para tu prueba. El objetivo real en tu vida mundanal,
consiste en salir victorioso después de tu muerte y resurrección en
el Juicio Final; por tanto, cualquier
otro camino diferente u opuesto a la Guía Divina será erróneo. Si
adoptas el primer camino (y tienes entera libertad para hacerlo)
conseguirás paz y tranquilidad en este mundo y ganarás la Morada de
la dicha y alegría eterna en el otro mundo, a donde tendrás que
regresar; pero si sigues cualquier otra dirección, y eres
completamente libre de hacerlo si lo escoges, incurrirás en Mi
desagrado en este mundo, y en el sufrimiento y aflicción eternas en
el Más Allá, en donde serás arrojado al abismo del infierno". Después de esta advertencia, el Señor del Universo, envió a Adán y Eva (la paz sea con ellos) a la tierra, y les acordó una Guía de acuerdo con la cual ellos y sus descendientes debían vivir. Esa Guía era el Islam (sumisión a la Ley de Dios). Mas, la Guía fue desvirtuada. La negligencia y la iniquidad asociaron al Creador copartícipes, y atribuyeron a la Divinidad otros atributos. Se hundieron en sectarismos y supersticiones, teorías y falaces filosofías, adulterando la Verdad del Creador. La corrupción minó sus almas y los cimientos de la sociedad. Descartados los principios de lo Alto, la concupiscencia minó la tierra, sembrando el caos y la iniquidad. El manifiesto extravío de los humanos es el resultado de su rebeldía, ya que Dios los creó dotados de discernimiento y voluntad. En materia de religión, no hay imposición (Dios exhorta e insta al hombre a la aceptación voluntaria de la ley), el rechazo proviene de su libre albedrío, así como la sumisión. Habiendo creado al hombre dotado de discernimiento y libre voluntad, el Creador, en las épocas sucesivas, envió a sus Mensajeros para alertar e instar al ser humano a la práctica del Bien. Sus sucesivos Enviados creyeron y predicaron en diferentes épocas y regiones; miles de ellos Fueron Sus Mensajeros durante milenios. Todos predicaron y practicaron una sola Fe, basada en la unicidad de Dios y en la aceptación de la Revelación que evidencia y discrimina lo recto de lo errado: el bien del mal -los principios fundamentales y eternos, establecidos por el Creador del Universo. La
prédica de los mensajeros tenía como misión al hombre, para
organizarse en el marco de una comunidad justa sometida a los mandatos
del Creador; condición sine qua non para su felicidad en este
mundo y su salvación eterna, ya que el hombre fue creado perfectible
y sólo puede alcanzar la salvación organizando una sociedad que le
permita hacer vigente la Ley de Dios, evitando su tergiversación y
trasgresión. En las épocas más distantes y diversas, los sucesivos
Enviados transmitieron la Guía; mas, lamentablemente, todos los
valores fueron falseados gradualmente, descartados o combatidos. Como
sello de la Revelación, el Señor envió al último de sus
mensajeros: el Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean
con él). Muhammad extendió su prédica a todos los seres humanos,
instó, exhortó, predicó, organizó y ordenó la comunidad de los
creyentes que aceptaron su mensaje. Esa comunidad se organizó y se
ordenó estableciendo un sistema u orden de vida conforme a la Guía
del Señor. El Corán, revelado al Profeta Muhammad (la paz y las
bendiciones de Dios sean con él), es el libro que atesora esa
Exhortación y Guía del Creador del Universo. El
tema central. El
tema, meta y objetivo del Corán es la Revelación Divina para
permitir la perfección del ser humano, su salvación y su
bienaventuranza eterna en la otra vida (después de la muerte y
la resurrección). El Tema Central es la exhortación al camino
recto. Reitera que su Mensaje y Guía es similar al que Dios acordó
al hombre desde Adán y a sus sucesivos enviados. Delimita de manera
indudable el camino del bien y el sendero del Mal, y ejemplariza
amonestando al hombre para su felicidad y salvación. Reiteramos
que para el estudioso advertido, la meta y objetivo del Corán, es sin
duda alguna la salvación del ser humano, inspirada por Dios; así se
manifiesta la trabazón entre sus diversos asuntos y materias, así
como su estilo y el desarrollo del tema central y su meta. El
Corán es Guía para la humanidad, expone la realidad para que el
hombre se perfeccione y se salve, eliminando los malentendidos y las
concepciones erradas. Por ello, al considerar la Creación de la
tierra, de los Cielos o del hombre, o al mencionar un hecho histórico,
al criticar credos, reglas morales, acciones y comunidades, lo hace
teniendo presente el punto que es valioso para alcanzar su Meta y
objetivo, dejando de lado los detalles irrelevantes o innecesarios. El
Corán, contemplado a la luz de tales consideraciones aparece con
claridad meridiana como un texto que en su totalidad es un argumento
rigurosamente razonado, cuya continuidad, en su contenido, es
manifiesta a lo largo de todos sus capítulos y versículos. Los
antecedentes de la revelación
Es
preciso, para comprender plenamente muchos de los asuntos contemplados
en el Corán, tener presente el contexto en que fueron revelados: los
acontecimientos, situación social, histórica etc. Pues el Corán no
es una obra literaria que se desarrolla conforme a la "lógica”
de los humanos; tampoco fue revelado íntegramente de una vez para
que, como código de vida, le fuese entregado al Profeta al comienzo
de su misión. Las suras mecanas[1]
Cuando
el Profeta recibió la orden del Altísimo para comenzar su sagrada
misión, fue aleccionado por la Divina Providencia para su
trascendental tarea en las primeras suras; la Revelación impartía el
básico conocimiento de la realidad, daba respuestas a los
malentendidos que conducen al hombre por el camino del error, y le
instaba a aceptar las normas de la Moral Islámica, que son garantía
de felicidad en esta vida y en la Eternidad. En
un estilo conmovedor fueron revelados los primeros mensajes en forma
de concisas sentencias, para adecuarse a la mentalidad de la gente que
inicialmente recibió el mensaje de la Revelación. El lenguaje fluido
y efectivo hechizaba al oyente con su belleza excelsa e inigualable,
hasta tal punto que repetían los versículos por su belleza y elegancia. Las
verdades universales eran enunciadas con tinte local y eran, explícitamente
los capítulos que fueron revelados al Profeta Muhammad en la Meca,
dadas con argumentos, ejemplos e ilustraciones que se relacionaban con
el entorno de los primeros receptores del mensaje de Dios, a fin de
impresionar efectivamente a los destinatarios; estos primeros mensajes
se restringen a las creencias, moralidad y a sus errores. Durante
aproximadamente cuatro años, el mensaje fue cautivando las almas de
los primeros conversos. Ellos se transformaron, interiormente, a su
influjo y luego se organizaron en un núcleo que constituyó la futura
comunidad Musulmana. No obstante, una fuerte corriente de oposición
fue creciendo entre los miembros de los Bani Quraich (Curaichitas),
que temían por sus egoístas intereses y sus viejas tradiciones. El
Corán siguió ganando adeptos fuera de los límites de Meca y entre
miembros de otras tribus. Se
vieron obligados a emigrar a Medina; y ahora, en vez de persecución y
obstáculos, la comunidad de fieles experimentó una creciente expansión.
Raras eran las familias y tribus que no contaban con algún miembro
converso al Islam. Esto los llevó a perseguir a los musulmanes y la
lucha volvió encarnizada cuando se sintieron incapaces de contener la
expansión de la Fe que ya había ganado los corazones de sus propios
hijos, hermanos y sobrinos…Sobre todo que, al convertirse, se
transformaron en los auxiliares más fuertes y leales dispuestos a
defender la comunidad de fieles y a dar la vida por la Fe Islámica.
Paulatinamente, los miembros más notables de las grandes familias fueron
convirtiéndose. Al engrosar las filas del Islam se transformaron en
seres dotados de las más elevadas virtudes; y esta superioridad moral
de los musulmanes enfurecía más a los adversarios del Islam. Fue
en el curso de su larga lucha para salvaguardar la comunidad musulmana
naciente, que el Profeta siguió recibiendo los mensajes de Dios, según
las vicisitudes y necesidades de la ocasión, mensajes que
influenciaban, inspiraban y transformaban a los creyentes, instruyéndolos
acerca de sus derechos y deberes esenciales. El contenido de la
revelación infundía en sus almas piedad, devoción y lealtad; les
indicaba el camino de la perfección, elevada Moral y pureza de carácter,
preparándolos para ser verdaderos prosélitos del Islam. Por
otra parte, estos mensajes consolaban, confortaban y animaban a los
musulmanes con la promesa de éxito y la bendición eterna en el otro
Mundo. El espíritu de sacrificio por esta noble causa embargaba sus
almas, lo que los fortalecía para soportar las aflicciones, luchas y
sacrificios inherentes a las defensas de la naciente comunidad, y a
los ataques y encarnizadas persecuciones con que sus enemigos los
hostigaban. La
revelación advertía a los musulmanes y a los idólatras que los
combatían, citando el ejemplo de la historia de otras comunidades
vecinas, las ruinas de las moradas de los que fueron poderosos pero
inicuos –que estaban diseminadas a lo largo de las rutas de las
caravanas. También los fenómenos de la naturaleza eran citados para
instarlos a meditar en la Unicidad de Dios y en la Obra del Creador.
Los idólatras e incrédulos eran estigmatizados por sus herejías,
blasfemias, tradiciones y creencias erradas. Los argumentos eran
disipados de manera incontestable. Los
mensajes de la Revelación fueron evidentes y concluyentes al
estigmatizar el error y el pecado de los incrédulos, que con
pertinacia se complacían en el extravío y la barbarie que los
creyentes execraban. Las primeras revelaciones contenidas en los
mensajes de Meca, configuraron los fundamentos de la cultura y
moralidad que son el cimiento de la comunidad: cultura de una
civilización que nació, se expandió y floreció a su influjo. Los
enemigos de la fe Islámica naciente, pertinaces, no cesaban en su
combate. Mas, la revelación ganaba adeptos día a día, y los versículos
comenzaron a contemplar otros problemas, lo que explica la diferencia
del estillo con respecto a los primeros. Es pues en ese contexto, que
las suras fueron reveladas al Profeta (la paz y las bendiciones de
Dios sean con él) durante los trece años de su prédica en la Meca. Suras
medinenses[2]. Después
de haber enfrentado durante trece años la encarnizada oposición de
los enemigos del Islam, sobrevino la emigración del Profeta y de la
mayoría de los musulmanes a Medina, ésto marca otra etapa (el tercer
estadio de la prédica del Profeta). La
comunidad musulmana triunfante se organizaba en un Estado ordenado.
Sobrevino entonces un encuentro armado que los enfrentó a sus acérrimos
enemigos, en cuyas filas también se contaban judíos y cristianos,
sin contar musulmanes "hipócritas”, los pseudo- musulmanes,
que se habían infiltrado en su rebaño. Al cabo de diez años de
esfuerzo, finalmente el Profeta pudo consolidar la comunidad de los
creyentes y extender su mensaje al resto del mundo. Paulatinamente se
operan cambios, y cada uno traía aparejados sus problemas. Así Dios,
en su infinita sabiduría, revelaba al Profeta (la paz y la bendición
de Dios sean con él) suras y versículos pertinentes al momento,
situaciones y problemas. Por ello, algunos adquirían el tono de un
amonestador y otros la forma de normas y decretos de un legislador;
otros adoptaron el tono de un maestro o de un reformador y enseñaban
los principios y métodos pertinentes a la organización de la
comunidad para construir un Estado llamado a ser cimiento de cultura y
civilización. También los versículos guiaban para solucionar los
problemas de la vida, o impartían instrucciones para tratar a los hipócritas
e incrédulos infiltrados. Además, eran guiados convenientemente para
saber comportarse con los monoteístas (las "gentes del
libro"), con los poderes beligerantes y con sus propios aliados.
Otros versículos los capacitaban para ser justos y dignos vicarios
del creador del Universo. A tal fin instaban al creyente a observar
los principios de la Moral Islámica para un recto actuar: en la paz y
en la guerra, en la adversidad y en la prosperidad, en la victoria y
en la derrota. En otras palabras, estas aleyas preparaban al creyente
para elevarse y perfeccionarse, y así ser dignos adeptos y prosélitos
de las más levadas virtudes, para proseguir la propagación del Islam
como sucesores del Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con
él). Para
concluir, no debemos dejar de citar las aleyas que exhortan a los
monoteístas a convertirse al Islam, así como a los incrédulos y a
los que se habían desviado del sendero de Dios (hipócritas, apóstatas,
etc.); o los amonestaba, reprendía o estigmatizaba por su falta de
piedad y dureza de corazón, advirtiéndoles de la suerte que les
estaba reservando, reprendiéndolos por el olvido de las lecciones de
la historia y acontecimientos del pasado, a fin de que no tengan la
menor duda en cuanto a la adopción de los modos errados de vida. EL ESTILO DEL CORÁN
Hemos
dejado bien explícito en qué circunstancias el Sagrado Corán fue
revelado al Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él).
Es, por ende, obvio que no puede tener uniformidad de estilo que
caracteriza a otros libros de religión. También debemos tener
presente que las aleyas del Corán (tanto las extensas como las
breves) fueron reveladas al Mensajero de Dios para que predicase; o
sea, para que exhortase e instase de viva voz. Por lo tanto, no podían
tener el estilo de un texto escrito. El texto Coránico es de una
naturaleza muy peculiar; por consiguiente, su estilo había de ser sin
igual. Dios confió al Profeta una misión sagrada y, para ello, tenía
que apelar tanto a los sentimientos como al intelecto de las gentes;
tenía que dirigirse a las más diferentes mentalidades y enfrentarse
a situaciones inimaginables durante el transcurso de su misión. Es
evidente que, en tales condiciones, su prédica debía ser transmitida
esencialmente de viva voz para apelar a los sentimientos y emociones,
y así poder transformar a los humanos para que fuese posible la
transformación y organización de la comunidad islámica al influjo
de los principios del Islam, cuyo mensaje está contenido en el Corán. En
su tarea de reformador, el Profeta preparó, renovó, educó y purificó
el alma de sus seguidores al transmitirles a viva voz la palabra del
Creador a él revelada, en suras y versículos. A tal fin, también
debía inculcarles el sentido del coraje y del honor, rebatiendo los
argumentos de los opositores, evidenciando los vicios o flaquezas
mortales, etc. Resulta evidente la pertinencia de las repeticiones
insistentes de ciertos versículos que son resaltados con especial
persistencia, aunque a veces de formas diferentes para evitar la
monotonía, en un lenguaje hermoso y apropiado para el sublime
objetivo: la transformación, mejora y perfección del hombre para
transformar, promover y perfeccionar la comunidad humana. Por
otra parte, todas las suras coránicas contienen referencias a la
esencia del Islam: La Unidad de Dios, Sus atributos, el Juicio Final,
la Eternidad de la otra vida, el castigo y la recompensa, la profecía,
la creencia en el Libro, etc… Todos ellos, aleccionan instando a la
piedad, fortaleza y paciencia; la sumisión, fe y confianza en Dios, y
otras virtudes esenciales para la perfección y salvación del hombre.
Sin estas cualidades y virtudes presentes en las diferentes etapas, la
comunidad musulmana no hubiera podido prosperar en su verdadero espíritu. ORDEN DEL TEXTO DEL CORAN
Una
pequeña reflexión –a la luz de la diferencia que existe entre las
suras mecanas y las suras medinenses– responderá a la cuestión del
por qué los capítulos (Suras) del Corán no fueron colocados en el
orden en que fueron revelados. Esta cuestión es importante, pues ha
sido empleada por los enemigos del Islam para urdir mal entendimientos
acerca del Corán y formular ridículas conjeturas acerca del orden
actual de las Suras. Estos pretenden que los adeptos del Profeta (la
paz y las bendiciones de Dios sean con él) reunieron y publicaron el
Corán sin un orden preestablecido, como por ejemplo, en razón del
tiempo o cualquier otro factor, simplemente tratando de colocar los
capítulos más largos en el comienzo. Estas
conjeturas se explican por qué desconocen la sabiduría del Corán.
No obstante, ser el libro perenne, válido para todos los tiempos, tenía
que ser revelado gradualmente, en el curso de veintitrés años, de
acuerdo con las necesidades y requisitos de las diferentes etapas de
la prédica del profeta. Es obvio que la secuencia de las revelaciones
durante la prédica en su inicio, no podía ser la adecuada al
completarse la Revelación. En un principio el Corán se dirige a las
gentes que ignoran todo de la esencia profunda de la Fe Islámica; y
por tanto, tenía que inculcarles, naturalmente, los principios más
elementales. Tenía que darles a conocer sus derechos y deberes para
regulación de sus vidas, por ello el orden era diferente; su
preparación para la propagación del Mensaje a toda la humanidad, la
imprescindibilidad de advertirles de los peligros que se aparecieron
entre los seguidores de los primeros Profetas. Los
primeros Profetas -para ponerles en guardia– imponían ese orden.
Por ello, las Suras: -“ALBAQARA” (la vaca), las medinenses, y no
“AL ALAQ”, y las mecanas tenían que encontrarse al principio del
Corán. Además, para la finalidad del Corán, no es pertinente la
agrupación por asuntos. A fin de evitar la parcialidad en cualquier
etapa de su estudio, es esencial que las Suras estén, como lo están,
intercaladas entre las Suras reveladas en Medina, y que las Suras
reveladas en Medina sigan las de Meca, ya que las suras reveladas en
el inicio de la prédica se ordenaron entre las que fueron reveladas
en época posterior. Todo
lo expuesto fue así dispuesto para que la misión del Islam completo
permaneciera siempre ante el lector. De ahí la sabiduría del orden
actual. Cabe
resaltar que el orden del Corán fue establecido por el mismo Profeta
(la paz y las bendiciones de Dios sean con él) inspirado por Dios.
Cuando una sura le era revelada, el Profeta la dictaba textualmente a
uno de sus amanuenses, ordenando en qué lugar la Sura debía ser
colocada. Igualmente, en el caso de un pasaje o versículo que no
constituía una Sura independiente, el Profeta daba instrucciones para
insertarlo en su debido lugar en la Sura de la que había de formar
parte. Además, el Profeta solía siempre recitar el Corán durante la
oración[3]
y en otras ocasiones, siempre en el mismo orden; y daba instrucciones
a sus compañeros para que lo recitaran igual. Así pues, es un hecho
irrefutable que el orden actual del Corán fue establecido por el
Profeta al completarse la revelación, bajo la inspiración de Dios,
Creador del Universo. LA RECOPILACIÓN
Dios
–al revelar el Corán- decretó las providencias para la preservación
del mensaje –de cualquier tergiversación– para su perennidad. A medida que versículos y
suras se revelaban al Profeta, eran escritos por los amanuenses en
hojas de palmeras datileras, cortezas de árboles, huesos, etc.,
preciosamente guardados. Además, innumerables adeptos copiaban esos
textos fielmente para su devoción, y muchos creyentes los aprendían
de memoria para recitarlos en sus oraciones. Si bien es cierto que
muchos compañeros del Profeta sabían de memoria el Corán, su
recopilación fue llevada a cabo después de la muerte del Profeta. En
enfrentamientos armados que se produjeron como consecuencia de una
furiosa ola de apostasías, muchos de los compañeros del Profeta, que
habían memorizado el Corán, cayeron. Fue así como Omar –sucesor
del Profeta- consideró que era indispensable para preservar el Corán,
consignarlo por escrito en forma de libro, para preservarlo intacto. A
tal fin, comunicó su opinión a Abu Baker, quien a su vez convino en
la necesidad de hacerlo.
Fue Zaid Ibn Zabit incumbido de la trascendental tarea de
copiar la Revelación contenida en el Corán. Su idoneidad y
competencia ya habían sido consagradas por el Profeta, ya que
frecuentemente actuó como su amanuense, y era uno de los compañeros
del Profeta que sabían el Corán de memoria y había presenciado la
recitación del Corán por Muhammad ante el Ángel Gabriel (paz y
bendiciones de Dios con él). La
recopilación del texto del sagrado Corán se realizó con la
cooperación de los compañeros que habían memorizado el Corán
entero o fragmentariamente. Esta histórica y Sagrada tarea, fue
celosamente realizada tomando todas las medidas para no tergiversar la
Revelación: comprobando todas sus partes, palabra por palabra;
comprando y verificando todo el texto para certificarse de su
autenticidad, ya que toda la Revelación ya había sido escrita bajo
el dictado del Profeta y su control, por escribientes musulmanes. El
texto del Sagrado Corán, compilado en su totalidad, fue guardado en
la casa de Hafsah, la hija de Omar y una de las esposas del Profeta; y
se proclamó que todo musulmán podía obtener copia fidedigna del Corán
o compararlo, si el interesado tuviese ya una copia manuscrita del
texto de su propiedad. En la compilación del Corán se siguió el
mismo orden que el Profeta había establecido. El orden de los capítulos
(Suras) es tan fidedigno como el texto que Zaid escribió. No tiene
fundamento suponer que el orden actual de las Suras es posterior a la
muerte del Profeta y no conforme al seguido por Muhammad (la paz y las
bendiciones de Dios sean con él). Ya nos referimos al hecho de que el
profeta recitaba el Corán completo todos los meses de Ramadán ante
el Ángel Gabriel, mas durante el último Ramadán de su vida, el
Profeta lo recitó dos veces, íntegramente, ante el Ángel Gabriel, y
Zaid asistió a la segunda lectura. Por ello, es evidente que Zaid
siguió el orden del Profeta. El
Imam Malek dice al respecto: “El Corán fue recopilado conforme al
orden en que los compañeros del Profeta lo escuchaban recitar”. Por
otra parte, en distintos párrafos, el Corán es calificado de
“Libro” en la Revelación. Ejemplo de ello es la Sura
“Muzzamil” (una de las primeras revelaciones de la Meca), en donde
Dios ordena al Profeta: “Recita el Corán en Orden” (73:4); ésto
evidencia que desde el comienzo de la revelación, Dios había
prescrito que estaba destinado a ser un libro con un orden
preestablecido por el Creador del Universo. LA LENGUA DEL CORAN
El
árabe era la lengua común en toda la península Arábiga. Y como es
obvio, en las diferentes regiones y tribus se configuraban dialectos.
El Profeta Muhammad, por lo tanto, recibió la revelación en la
lengua árabe que hablaban los Bani Quraish de la Meca. Los neófitos
al principio, para facilitar la comprensión y propagación de la Fe
Islámica, recitaban el Corán con sus dialectos respectivos. Pero con
la propagación del Islam más allá de las regiones de lengua árabe,
la lengua árabe fue ganando terreno; y para evitar equívocos y
tergiversaciones, el califa Ozmán, en previa consulta en los compañeros
del Profeta, decidió que las copias auténticas del Corán
recopiladas por Abu Baker, deberían ser las únicas válidas –por
ser el texto fiel de la revelación- en la totalidad del Mundo Musulmán. Las
diferentes maneras de recitar el Corán. Consideraremos a continuación
las diferentes maneras de recitar el Corán: 1)
La escritura árabe utilizada por los amanuenses del Profeta no
tenía ni puntos ni vocales. El mismo tipo de escritura fue empleado
en la compilación escrita por Zaid, bajo el califato de Abu Baker y
en los ejemplares distribuidos por el Califa Ozmán. 2)
Aunque el Corán, fidedignamente recopilado, copiado y
salvaguardado, debido al analfabetismo reinante en los inicios de la
prédica, su propagación se realizaba por vía oral. Los árabes
cultos no tenían dificultades para leerlo; pero existían miles de
creyentes que habían aprendido el Corán de memoria oyendo al
Profeta, y a sus compañeros, recitarlo. Y así siguieron recitándolo
y así lo transmitían a otros musulmanes. 3)
Ozmán, no sólo envió un ejemplar del Corán auténtico a
cada región del Mundo Islámico; sino que para preservar su lectura
correcta, envió un lector “Qari”[4]
a cada región, para difundir la correcta recitación enseñada por el
Profeta mismo. 4)
Con el tiempo se vio la necesidad de uso de vocales y una
puntuación pertinente para la preservación de una correcta lectura
del Corán. Así pues, fue a instancia de Zaid (45 a 53 D. Hj.) que se
fijaron las vocales y la puntuación. Después, durante el califato de
Abdel Malek (65 a 85 D. Hj), Hadjadj-Bin-Yusuf, algunos fueron
encargados de asignar nuevos signos para la puntuación y vocales para
una absoluta claridad, que preservaría y facilitaría su lectura. Consiguientemente,
después de lo antedicho, es evidente que la recitación del Corán
(con pocas variantes sin importancia) es la misma que realizaba y enseñaban
al Profeta. Ello es afirmado unánimemente por todos los eruditos y
recitadores[5]
del Corán, que consideran que sólo esta recitación del texto del
Corán es la auténtica: a)
Coincide con el texto de las copias distribuidas por el Califa
Ozmán. b)
Se ajusta al léxico árabe, a sus usos, su idioma y gramática. c)
Es absolutamente fiel a la Revelación como ya lo probamos. Por
ello es que hay tan sólo unas pocas variantes en su interpretación y
estas no se contradicen en sus significados, sino que los hacen más
vastos y más amplios. No cabe pues ninguna duda de que el Profeta
practicaba estos distintos modos de recitación en las pocas variantes
que hoy existen, y que éstas también hacen los significados más
amplios. Como
ejemplos, consideraremos las dos auténticas interpretaciones de: a)
El versículo de 3 de la Sura “Al Fatiha” (apertura) y b)
el versículo 6 de la sura “Al Maida” (la Mesa servida). Una lectura de “Al Fatiha”
(la apertura), o sea, la Sura 1, versículo 3 es: Que significa “el señor
del Día del Juicio”; y la otra es: Esta interpretación
significa: “El Soberano del Día del Juicio”. Obviamente ambas
interpretaciones hacen el significado del versículo entero más
claro. Una interpretación de la
Sura 5 versículo 6 es: Significa: “Lavad
vuestros rostros…, y (lavad) vuestros pies” como se hace en el
momento de realizar las abluciones con los pies descalzos. La segunda interpretación
es: Significa: “Lavad
vuestros rostros y enjuagad vuestras cabezas y (enjuagad) vuestros
pies”, con las manos mojadas. La segunda interpretación hace
referencia a la ablución de los pies, conservando los calcetines
siempre que haya una ablución completa previa. Esta
concesión es válida durante 24 horas en casa, y durante 72 horas
estando de viaje. Es obvio que en las diferentes interpretaciones de
estos dos ejemplos, no hay contradicción de esencia en absoluto. Por
otra parte, éstos hacen el significado total más amplio. Y lo mismo
sucede con todas las demás variantes de interpretación. UNIVERSALIDAD DEL MENSAJE DEL
ISLAM
El
Corán afirma, de forma indudable, ser guía para la humanidad entera.
Todo el Corán se dirige a la humanidad entera; y si se refiere a
elementos locales, autóctonos o propios de los habitantes de la Península
Arábiga, es por que allí en ese entorno, en su contexto y en la
coyuntura histórica en que el Profeta debía comenzar su prédica.
Era obviamente necesario, para formar el primer embrión o la primera
cédula comunitaria de musulmanes, que al transformarse, transformaría
su mentalidad y comunidad; y, como musulmanes, iban a llevar el
Mensaje a sus hermanos humanos sin discriminación de color,
nacionalidad, fronteras, etc. Es
evidente que el hecho de que el Corán denuncie credos blasfemos y
condene estigmatizando las costumbres pervertidas de una comunidad
determinada, y presente argumentos apoyándose en el material o
recursos del entorno de los árabes, no puede ser, en absoluto, una
circunstancia que justifique la pretensión de los que alegan que se
trata de una prédica local. No hay credo, filosofía, modo de vida ni
religión que exponga desde el principio hasta el fin su doctrina sin
referirse a las circunstancias y ejemplos concretos susceptibles de
mover las almas de los que reciben el Mensaje. Del
mismo modo, debería escribir, bajo diferentes encabezamientos, la
enseñanza e instrucciones del Corán sobre los credos, la moralidad,
los deberes, las obligaciones, la civilización, la cultura, la economía,
la política, la ley, el sistema social, la paz, la guerra, y otros
problemas humanos. Estas notas deberían considerarse hasta formar un
completo bosquejo de cada aspecto de las enseñanzas, y entonces
quedar encajadas en la forma de un sistema de vida completo. Si
uno desea conocer la solución coránica de un cierto problema humano,
debería en primer lugar hacer un estudio de la literatura referente
al tema, tanto antigua como moderna, y escribir sus temas básicos.
También debería hacer uso de la investigación hecha hasta el
momento sobre el problema y señalar sus puntos de interés, después
se debería estudiar el Corán con vistas a encontrar las respuestas a
esos temas. Por mi experiencia personal, puedo decir que cuando uno
estudia el Corán con el objetivo de investigar cualquier problema,
encontrará respuesta para ello, incluso en aquellos versículos que
había pasado por alto sin haber imaginado nunca que estuviera allí. Es
conveniente que cada capítulo de “El Significado del Corán” sea
una unidad de estudio. En primer lugar, se debería estudiar el texto
original en árabe con la ayuda de alguna traducción literal; y
entonces, con la ayuda de “El Significado del Corán” es de
esperar que su interpretación se haga clara, con la gracia de Dios. CÓDIGO COMPLETO DE VIDA
Para
el lector mal informado, la afirmación de que el Corán es un código
completo de Vida, se presta a confusiones. Para el no iniciado,
resulta difícil desentrañar la esencia o realidad profunda que hace
del Corán un código de vida. Mas Dios, en su infinita sabiduría,
reveló el Corán a su Mensajero, el Profeta Muhammad, para
evidenciarnos y elucidarnos las verdades con su prédica. La
función principal del Corán es presentar claramente las bases y
principios esenciales de la Fe Islámica, para permitir al hombre el
conocimiento del Sendero del Bien que le permitirá perfeccionarse y
salvarse. Define y delimita los contornos de todos los aspectos de la
vida, fija hitos para la guía y orientación que lleva a la salvación.
El Profeta fue enviado por Dios para predicar Su mensaje, guiar y
orientar a la humanidad, explicar los problemas que son inherentes a
la naturaleza humana para establecer un Orden o Sistema de vida que
garantice su perfección y salvación. La revelación contenida en el
Corán, señala el modelo de vida para el individuo, la sociedad y el
estado Islámico. El Corán es un código completo, junto con la
“Sunna” o tradición Apostólica del Profeta. LA INTERPRETACIÓN DEL CORÁN
El
problema de la interpretación del Corán es muy vasto, y obviamente
no puede ser considerado aquí con el debido detenimiento y
profundidad. Si bien es cierto que el Corán condena severamente a
aquellos que tergiversan la palabra de Dios, de ninguna manera se
opone a la sana diferencia de opinión en la interpretación de sus
mandatos; siempre que: a)
Haya acuerdo en lo que se refiere a los principios esenciales
del Islam, a pesar de sus opiniones divergentes, y b)
que permanezcan unidos en el seno de la creencia y de la
comunidad musulmana. El
Corán desaprueba toda divergencia que lleve o implique endiosamiento,
envanecimiento o perversión,
o que puede llevar a enfrentamientos y al sectarismo, provocando
cismas o generando sectas. Si
bien hubo, desde el comienzo del Islam, divergencias entre los
eruditos que interpretaban los principios de la Fe, inclusive entre
los compañeros del Profeta y sus seguidores que no
concordaban de manera unánime con respecto a los mandatos y
prohibiciones, (no sólo entre los intérpretes de los últimos
periodos), debemos observar que esa discrepancia proveniente de una crítica
e interpretación sana y objetiva, es saludable y esencial para próspero,
y fuente de sabiduría y de vida de una comunidad inteligente y
pensante. Hacemos
hincapié poniendo en relieve que el tipo de divergencia condenado en
el Islam es el que destruye la comunidad que la nutre, desvirtuando y
desintegrando sus valores y, por ende, la sociedad musulmana. Esa
divergencia es como un elemento patógeno, no es síntoma de salud,
sino de enfermedad. Estas
dos clases de divergencias de interpretación, pueden ser ilustradas más
extensamente por lo siguiente: Supongamos que hay dos
eruditos, que están de acuerdo en principio en que solamente Dios y
su Mensajero merecen obediencia, y que el Corán y la “Sunna” son
las únicas fuentes de la autoridad que determinan todas las leyes y
regulaciones; ellos pueden diferir en detalles o en la decisión de un
caso, siempre que ninguno de ellos haga de su decisión un criterio
del Islam ni declare que el otro está fuera de la comunidad islámica
por el hecho de discrepar en su opinión. Pueden presentar sus propios
argumentos en defensa de su opinión o ante el tribunal, si es de su
incumbencia. Entonces, una de las dos opiniones diferentes prevalecerá,
o ambas serán admitidas. Pero debiera observarse especialmente que no
se puede permitir ninguna diferencia en los principios fundamentales
del Islam, ni en consideraciones, principios o normas que puedan
provocar la formación de una nueva comunidad. Por ejemplo, será erróneo
que un erudito, jurista o gobernante elaboren una opinión acerca de
algún asunto (que Dios y su Mensajero no consideren básico) y
declarara que es un principio fundamental del Islam, y entonces
denunciara, a todos aquellos que difieren de él, como extraviados; y
basándose en este, procediera a formar una nueva comunidad musulmana
con sus propios seguidores, y proclamará: “Esta es la verdadera
comunidad musulmana y todos los que están fuera de ella, están
destinados al fuego del infierno. Por lo tanto, si eres musulmán, ven
a unirte a ella, pues si no lo haces, no eres musulmán”. Ese es el
tipo de diferencia de opinión que el Corán condena. En cuanto al
primer tipo de discrepancia, ocurrieron varios ejemplos durante el
tiempo del Profeta y el Enviado de Dios no sólo las permitió, sino
que habló bien de ellas, aprobando esas manifestaciones como algo
saludable que la gente inteligente de la comunidad estaba pensando e
investigando. SUGERENCIAS PARA EL ESTUDIO DEL CORÁN
A
continuación, nos referimos a algunas elementales sugerencias para el
estudio del Corán: Personas
animadas por las más diferentes metas y propósitos tratan de
informarse, o de aprender a través del Corán, la esencia del Islam.
No es posible, por lo tanto, ofrecer una guía general que satisfaga a
todos los propósitos. De todas maneras, a los que quieren
comprenderlo y penetrarse en su Mensaje para la solución de los
problemas humanos, ofrecerá algunas pautas que pueden ayudar a
satisfacer sus necesidades y a soslayar sus dificultades. Es
requisito esencial para el cabal conocimiento del Corán, es
considerarlo con una mente libre de ideas preconcebidas, objetiva e
imparcial. Una mente lúcida libre de prejuicios puede, animada de una
sincera voluntad de conocimiento, comprender el mensaje contenido en
el Corán. Una lectura superficial sólo puede dar una idea incierta y
errónea. El auténtico conocimiento exige una atención sostenida,
consideraciones repetidas, consecuentes análisis y una meditación
profunda y detenida. Sólo así la verdad irá surgiendo; “Entenderá
el Sistema de Vida” que ordena el Islam, y cada interrogante,
pacientemente, se afanará en hallar la respuesta en sucesivas
lecturas hechas con el afán de comprender el Corán. Poco a poco, de
lo general a lo detallado, el espíritu irá descubriendo el Islam y
desentrañándolo. Sólo así podrá saber distinguir el bien del mal,
lo permitido y lo prohibido, lo recomendado y lo reprobado, para la
perfección del hombre y para su salvación y bienaventuranza eternas. El
Corán es un guiar de lo Alto, cuyo fin último es la perfección del
ser humano, para que gane la bienaventuranza eterna en el Más Allá.
El Corán fue revelado al Profeta (la paz y las bendiciones de Dios
sean con él) para
exhortar a las gentes a la acción constructiva, dentro del marco de
las normas de Dios, y organizarse dentro de un Orden cuyas normas
provienen del Creador del Universo. El
Profeta Muhammad (la paz y bendiciones de Dios sean con él), dotado
de excepcional bondad, generosidad, mansedumbre y carácter tan
apacible para realizar su misión y llevar a cabo su prédica del
Mensaje del Creador del Universo, tuvo que luchar[6]
para defender y salvaguardar a los fieles y a la comunidad islámica,
de sus encarnizados enemigos que no cejaban en su empeño por
aniquilarlos. Durante esta lucha si cuartel -entre lo recto y lo
equivocado, entre la verdad y la mentira, entre el bien y el mal que
duró veintitrés años, el Corán y su Apóstol señalaban a los
creyentes el sendero recto. Fue así como los musulmanes consiguieron
hacer posible la vigencia de un Orden de Vida Islámica de acabada
perfección. [1]
Capítulos revelados en la Meca [2]
Capítulos revelados en Medina [3]
Oración: As-salat en árabe [4]
Lector, en árabe. [5]
Lectores o “Qurra” (plural de “Qari”) [6]
Nota del traductor.
La lucha o combate, en árabe
“Yihad”, no es necesariamente el combate armado o guerra (Harb
en árabe), como pretenden los enemigos del Islam. “Yihad”
representa la lucha para alcanzar la elevación o “Gran Yihad”
(JIHAD AL-AKBAR), también la “lucha pequeña” o “Yihad Al-Azgar”,
conque el Profeta calificaba los enfrentamientos armados
defensivos cuando se defendía la comunidad islámica. Es
preciso poner en relieve que “Yihad” el “Gran Yihad”
(“Yihad Al-Akbar), como lo calificaba el Profeta Muhammad (la
paz y las bendiciones de Dios sean con él), consiste en “la
lucha personal contra las propias inclinaciones interiores, el
combate moral en pro del respeto de las prescripciones coránicas,
el esfuerzo en favor de la prédica religiosa y de la vocación
misionaria pacífica”. Como
observa con claridad meridiana, Mercel Biosard en (L’ Humanisme
del Islam): “Yihad se
fundamenta en el rechazo de la opresión y en la concepción dinámica
de la justicia y la misericordia” (…) “El combate más
meritorio es aquel que se realiza contra sus propias pasiones; es
restaurar el orden, el equilibrio y la justicia”. (…) “Es la
acción transformadora cuyo objetivo supremo es la paz” (…)
“Es en definitiva, el combate contra el caos y la injusticia,
generadores de violencia destructiva, vicisitud salvaje, frenesí
animal” (…) “En el Islam la agresión está prohibida, y
toda hostilidad desencadenada para dominar o imponer una concepción
del mundo (tanto de personas como de naciones) está
terminantemente prohibido” (…) “Yihad (lucha) sólo puede
ser defensiva en su iniciativa, decente en su desarrollo, pacífica
en sus fines y humanitaria en el tratamiento a los vencidos”. El
Corán es explícito al respecto cuando advierte en 2:190: “Combatid por la causa de Dios a aquellos que os combaten, pero no seáis agresores”…De
este versículo se infiere que la agresión está terminantemente
prohibida. Para
experimentar y comprender lo que sucedió durante la Revelación
del Corán, para evaluar la singular trascendencia de los hechos
que marcaron ese acontecer, es obvio que no se puede aprender esa
realidad con un mero recitado de sus capítulos y
versículos. Para ello, es necesario la aceptación y la actuación;
es decir, vivir según las normas del Islam. Es preciso ser una
conciencia despierta, activa y vigilante; sólo así, el creyente
podrá meditar y sentir lo que aconteció en la Meca, Taif, Habash…,
y pasará por el fuego que representó Badr, Uhod, Hunain Tabuk,
etc…, y sabrá que es un hipócrita, los de dos caras, los Judíos,
en pocas palabras, todos los tipos de gentes mencionados en el Corán.
Y ello, sin duda, es una experiencia digna de ser vivida. Mientras
pasa a través de esta experiencia, encontrará versículos y
suras revelados en estadios determinados para el bien, beneficio o
guía en esa precisa etapa de la naciente Comunidad Islámica. De
este modo, el Corán nos ofrecerá la posibilidad de penetrar en
su espíritu, aún cuando no podamos desentrañar todo el
significado de su léxico. La misma fórmula se aplica a sus
mandatos, prescripciones, enseñanzas, orales y referentes a la
economía, cultura y todas las normas referentes a la vida humana;
y como es evidente, todo este caudal de sabiduría y experiencias
no pueden ser aprendido si no se ponen en práctica. Por ello, es
obvio que los individuos y las comunidades humanas que desechan la
Norma de Vida Islámica, no pueden comprender su significado, ni
penetrarse en su espíritu. Estas
páginas son producto de mi esforzada búsqueda del conocimiento. Y
el verdadero conocimiento pertenece a Dios, el Omnipotente. A
Dios me he encomendado y en busca de Su guía, a Él me he
remitido. Puesto que no es mi intención contemplar todos los problemas que pudieran surgir durante el estudio del Corán, no he tocado los temas referentes al estudio de algunos capítulos y versículos, que deseo tratar en “El significado del Corán”. Sólo me he referido a generalidades. Por consiguiente, el lector sólo podrá juzgar dichas cuestiones tan sólo después de haber leído “El significado” en su totalidad. Entonces, me pondría a la disposición del lector para responder a cualquier tema que, a su juicio, precise ser esclarecido |