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LITERATURA

Libros

   

“En el nombre de Dios, el clemente, el misericordioso” 

EL SENDERO DE LA FE

Extraído del libro: “Pilares de la divulgación” del Dr. Abd Elkarim Zaidán  

                  El hombre se desarrolla con lo que posee de conceptos sobre el universo, la vida y la humanidad, y la relación de estos con lo que precedió a la vida terrenal y lo que la sucederá. Es necesario cambiar la forma de pensar del ser humano moderno con un cambio total desde la base y luego darle una nueva forma de pensar con el fin de que progrese. Porque la forma de pensar es la que origina los conceptos sobre las cosas y les da firmaza. El hombre condiciona su conducta en esta vida según los conceptos que tenga de la misma; por ejemplo: los conceptos que un hombre tenga con respecto a una persona que quiere, originarán la conducta que este hombre tenga para con esta persona; de forma diferente actuará con una persona que odia y que los conceptos que de ella tiene se resumen en odio, así como actuará diferente ante una persona que no conoce ni posee concepto alguno sobre ella. Es así, que la conducta humana está ligada a los conceptos que tiene la persona; por lo tanto, cuando queremos cambiar la baja conducta de una persona y deseamos tornarla en conducta elevada, es indispensable cambiar su forma de pensar primeramente. Dios dice en el Sagrado Corán:

                  “Cierto que Al-lah no cambia lo que una gente tiene hasta que ellos no han cambiado lo que hay en sí mismos”. Sura 13, Aleya 11.

                  El único camino para cambiar los conceptos es originando una meditación en la vida terrenal misma, a fin de obtener conceptos correctos sobre ella. Esta meditación no será productiva sino después de meditar seriamente sobre el universo, la vida y la humanidad; además de meditar en lo que había antes de la vida terrenal y lo que habrá después, y la relación que ésta tiene con lo que la precedió y lo que viene después de la misma. Esto se obtiene después de comprender completamente qué es lo que hay más allá del universo, la vida y la humanidad, ya que ésta es la base sobre la cual se sustentan nuestros conceptos de la vida. La concepción total de todo ésto es la liberación del ser humano de sus mayores ataduras; cuando éstas se sueltan, todas las demás ataduras dependientes de las mismas también lo hacen. Pero esta gran solución no lleva al desarrollo correcto si no es una solución correcta que esté de acuerdo con la naturaleza del hombre y logre satisfacer a la razón llenando el corazón con tranquilidad.

                  No es posible encontrar esta solución correcta sino después de meditar en el misterio del universo, la vida y la humanidad. Por eso los que deseaban el desarrollo y transitar por un sendero elevado debían primero resolver este gran misterios, desentrañándolo completamente a través de la meditación iluminada. Esta solución correcta es la Fe, que es la base en la cual se sustenta cualquier otro concepto consecuente sobre la vida y los sistemas de vida.

                  El Islam se dirigió hacia este gran misterio y lo resolvió para el hombre, con una solución que está de acuerdo con la naturaleza del hombre, que llena la mente de convencimiento y el corazón de paz. La entrada en el Islam tiene como requisito la aceptación de esta solución, una aceptación que es fruto de la razón. El Islam se ha establecido sobre una sola base que es la fe, que consiste en creer que: detrás de este universo, la humanidad y la vida, existe un creador que creó todo lo que éstos incluyen y creó todas las cosas; este creados es Al-lah (Dios) El Altísimo, y creó todas las cosas de la nada, es autoexistente, no fue creado (si lo fuese no sería creador). El caracterizarse por ser creador impide que sea un ser creado, significado que es autoexistente a la vez, porque todas las cosas dependen de ÉL para su existencia y Él no depende de nada.

                  Las cosas necesitan de un creador que las cree, y ésto porque todo lo que percibe la mente humana es el universo, la vida y la humanidad, y éstas son cosas limitadas, son imperfectas, incapaces de valerse por sí mismas y se necesitan unas a otras. El ser humano es limitado ya que se desarrolla en todo siempre hasta un límite sin trasponerlo, por eso es limitado. El universo también es limitado, ya que es un conjunto de cuerpos y cada cuerpo de este conjunto es limitado y finito; y el conjunto de cosas finitas y limitadas será por lógica finito y limitado, por eso el universo el limitado. La vida también es limitada porque se manifiesta sólo en unidades individuales y es obvio que en algún momento se termina en estas unidades, por ésto decimos que es limitada también. El ser humano, la vida y el universo son limitados, y esto es evidente e indudable. Cuando observamos a las cosas limitadas vemos que éstas no son eternas, caso contrario no serían limitadas y finitas, por ésto es que lo que es creado debe ser necesariamente creado por alguien más; este alguien es el Creador del universo, la vida y la humanidad. Las causas probables de la existencia de este Creador se resumen en tres: 1) Alguien más lo creó, 2) Se creó a sí mismo, 3) Es eterno autoexistente. La primera posibilidad es incorrecta y debe desecharse, porque de haberlo creado alguien más sería un ser limitado y finito. La segunda posibilidad debe ser desechada también; porque de haberse creado a sí mismo Él sería una creación de sí mismo y sería su propio creador al mismo tiempo y esto es imposible. Por todo lo dicho vemos que el creador debe ser eterno y autoexistente; y este creador es Al-lah, Dios El Altísimo.

                  Todo ser con uso de razón comprende al meditar sobre las cosas que captan sus sentidos, que todas éstas tienen un Creador que las hizo; porque es evidente que estas cosas son imperfectas, incapaces de valerse por sí mismas y se necesitan unas a otras. Por esto es evidente que son creadas y por esto mismo es que al observar atentamente cualquier cosa en el universo, la vida o la humanidad, tendremos una prueba de la existencia de este Creador. Es así, que la observación de cualquier astro de universo, el estudio de cualquiera de las manifestaciones de la vida o la meditación sobre cualquiera de los aspectos del ser humano, nos probará sin duda la existencia de Al-lah, El Altísimo. Al notar la necesidad que tienen las cosas unas de otras, comprendemos que indudablemente Al-lah El Creador existe. El Sagrado Corán tiene muchas aleyas en este sentido, por ejemplo:

                  “Es cierto que en la creación de los cielos y de la tierra y en la sucesión del día y la noche, hay signos para los que saben reconocer la esencia de las cosas”. Sura 3, Aleya 190.

                  “Y parte de Sus signos es la creación de los cielos y de la tierra y la diversidad de vuestras lenguas y colores”. Sura 30, Aleya 22.

                  “Es que no se fijan en lo camellos y cómo han sido creados? Y en el cielo y cómo ha sido elevado? Y en las montañas, cómo han sido erigidas? Y en la tierra, cómo ha sido extendida?” Sura 88, Aleyas 17-20.

                  “Que mire el hombre de qué ha sido creado. Ha sido creado de agua eyaculada que sale de entre la espina dorsal y las costillas”. Sura 86, Aleya 5-7.

                  “Ciertamente que en la creación de los cielos y de la tierra, en la sucesión de la noche y el día, en la nave que navega en el mar y de la que los hombres se benefician en el agua que Al-lah hace descender del cielo con la que vivifica la tierra después de haber estado muerta, en cómo se han diseminado por ella toda clase de criaturas y en el cambio de dirección de los vientos y de las nubes sometidas entre el cielo y la tierra, hay signos para una gente que entienda”. Sura 2, Aleya 164.

                  Estas y muchas otras aleyas invitan al hombre a estudiar profundamente las cosas, lo que le rodea y lo que con ello está relacionado, para en esto basar su creencia en la existencia del Creador y Legislador, y así tener la fe en Dios sustentada por la razón y la evidencia.

                  Sí, la fe en el Creador y Legislador es algo instintivo en cada ser humano. Sin embargo, esta fe instintiva aparece a través de las emociones, y éstas son un camino de inseguro destino, además de que no llevan a la concentración total si se confía en ellas solamente. Los sentimientos aumentan muchas veces a las creencias cosas falsas, suponiéndolas características imprescindibles del ser en el que se cree, lo cual lleva a caer en la perdición o el rechazo de la verdad. Y qué es la idolatría? Qué son las supersticiones y los mitos sino fruto de los errores de las emociones? Por eso es que el Islam no considera a las emociones  como el camino único a la fe, para que éstas no le den a Dios atributos contrarios a la divinidad, o que posibiliten su corporeización en objetos materiales, o creen la ilusión de acercarse a Él por medio de la adoración de objetos materiales; lo cual lleva a la negación de Dios, al politeísmo, a supersticiones o engaños, todas cosas rechazadas por la fe sincera. Por eso es que el Islam prescribió el uso de la razón junto con los sentimientos, siendo obligatorio que cada musulmán se sirva de la razón  cuando vive la fe en Dios, vedándose la imitación ciega en cuestiones de creencia y poniendo a la razón como ente determinante de la fe en Dios.

                  Dios dijo en el Sagrado Corán: “Es cierto que en la creación de los cielos y de la tierra y en la sucesión del día y la noche, hay signos para los que saben reconocer la esencia de las cosas” Sura 3, Aleya 109.

                  Por eso es que cada musulmán debe basar su fe en la meditación, la observación y la investigación, dependiendo completamente de la razón para su fe en Dios. La invitación al estudio del universo para descubrir sus reglas y guiarse hacia la fe en su Renovador, es repetida en el Corán cientos de veces, y todas están dirigidas a las fuerzas racionales del hombre; le invitan a la observación y al análisis a fin de que su fe sea basada en la razón y la evidencia, vedándole el tomar lo que practiquen sus padres sin antes examinarlo, analizarlo y tener plena seguridad de cuánta verdad contiene. Esta es la fe que predica el Islam, y no es aquella que llaman “fe de viejos”; es la fe del que buscó e investigó las evidencias, estudiando, observando y finalmente razonando y analizando para así llegar, a través de la observación y el raciocinio, a la plena seguridad y evidencia de Dios El Todopoderoso.

                  A pesar de que el hombre está obligado a usar la razón para llegar a la fe en Dios, no puede comprender lo que está más allá de sus sentidos y su conciencia; esto es porque la mente humana es limitada y su poder es limitado, por más que se desarrolle y se eleve, por bordes intraspasables. Decimos entonces que el hombre tiene una comprensión limitada, por eso es que el hombre no puede comprender la misma esencia de Dios ni puede concebir su estado real, porque Dios es algo más allá del universo, la vida y la humanidad. La mente humana no puede comprender la realidad de lo que está más allá de lo humano y por lo tanto no puede comprender la esencia de Dios. La siguiente pregunta se hace inadmisible: “¿Cómo puedo tener fe en Dios si mi mente es incapaz de comprender su esencia?” y la razón es porque la fe de la que hablamos es en la existencia de Dios y ésta se deduce por la existencia de sus criaturas, el universo, la vida y la humanidad. Estas criaturas sí están dentro de la capacidad de entendimiento del hombre, por eso éste logró comprenderlas y al comprenderlas tuvo certeza de la existencia de quien las creó, que es Al-lah (Dios). Por lo tanto, la existencia de Dios es algo razonable que está dentro de los límites de lo lógico; lo contrario nos sucede con la concepción de la esencia de Dios, algo imposible. Porque Dios está más allá de lo que es el universo, la vida y la humanidad, y por lo tanto más allá del alcance de nuestra mente. La mente no puede comprender la realidad de lo está fuera de su alcance, ya que es incapaz de hacerlo. Esta incapacidad debe ser a la vez lo que refuerza la fe y no algo que cause dudas o desconfianza; porque al ser nuestra fe en Dios algo obtenido a través de la razón, nuestra certeza de su existencia es completa; y el hecho de que nuestro sentir de la existencia de Dios esté acompañado y apoyado por la razón, hace que nuestros sentimientos de la existencia de Dios estén basados en algo evidente. De lo anterior vemos que tenemos conocimiento cierto y, a la vez, sentimientos basados en evidencias sobre los atributos divinos. La razón también nos hará entender que no podemos entender la realidad de la esencia divina, sin importar lo fuerte que sea nuestra fe, y que debemos conformarnos con lo que se nos reveló de entre lo que no logra entender nuestra mente por su natural incapacidad de no poder entender las cosas que están por encima de ella, ya que sus posibilidades son relativas y limitadas. Para que nuestra mente pueda entender esto debería tener posibilidades ilimitadas y no relativas, cosa que el hombre no posee ni podrá poseer.

                  En cuanto a la necesidad de mensajeros, que tenemos certeza de que el hombre es criatura de Dios y de que la religiosidad es algo instintivo en el hombre porque es parte de su naturaleza el santificar a su Creador, esta santificación es lo que llamamos “Adoración”, que es la relación entre el hombre y su creador. Esta relación, si es dejada a la deriva y sin orden, se deformaría y nos llevaría inclusive a la adoración de otros seres aparte del Creador; por eso es que se hace imprescindible que esta relación esté sujeta a un orden apropiado (la religión). Este orden no puede originarse en el ser humano porque éste no puede entender el estado real del Creador como para poder crear este orden entre él y su Creador; por lo tanto, este orden debe ser obra del Creador y éste debe hacerlo conocer al hombre, lo cual nos lleva a que es imprescindible la existencia de mensajeros que hagan llegar la religión de Dios a la humanidad.

                  Otra prueba de que la gente necesita a los mensajeros está en que el hombre necesita saciar sus instintos y satisfacer sus necesidades orgánicas sin remedio. Este hecho de saciar los instintos y satisfacer las necesidades orgánicas sin orden, conduce a formas erradas de satisfacción o a desviaciones, ocasionando el bestialismo en el hombre. Por lo tanto es imprescindible un sistema que ponga orden en lo concerniente a los instintos y las necesidades orgánicas, y este sistema no puede provenir del hombre mismo; porque la posición de cada ser humano con respecto a sus instintos y necesidades orgánicas está sujeta a diferencias, contradicciones, alteraciones y la influencia del medio ambiente de cada ser humano. Si dejásemos que cada ser humano tenga su propio sistema, éste se vería afectado por las contradicciones, diferencias y la alterabilidad; lo cual causaría que la bestialidad se apodere del hombre. Por lo tanto es evidente que este sistema que rija debe provenir de Dios.

                  En lo tocante a que el Corán proviene de Dios; el Corán es un libro en árabe revelado a través del Profeta Muhammad (la Paz y las bendiciones de Dios Sean Con Él), por lo tanto existen tres alternativas sobre su origen: 1)es obra de los árabes, 2) es obra de Muhammad (PBDSCE), 3) proviene de Dios el Altísimo. No hay sino estas tres posibilidades, ya que el Corán es árabe en su lenguaje y estilo.

                  Probaremos primeramente que la posibilidad de que sea obra de los árabes es falsa y debe ser descartada. Se les desafió a presentar algo similar al Corán; Dios dice en el Corán: “Di: traed diez suras inventadas semejantes y llamad a quien podáis fuera de Al-lah si decís la verdad”. Sura 11, Aleya 13.

                  “Y si tenéis alguna duda sobre lo que hemos revelado a Nuestro siervo, venid vosotros con una sura igual...” Sura 2, Aleya 23.

                  Los árabes intentaron producir algo similar al Corán y no pudieron, por lo tanto no es obra de los árabes ya que éstos fueron incapaces de presentar algo semejante al Corán cuando fueron desafiados a hacerlo y lo intentaron infructuosamente.

                  Ahora probaremos que es falso que el Corán provenga del mismo Muhammad (LPBDSCE). Muhammad (LPBDSCE) era un árabe más de entre todos los árabes; y por más inteligente que haya sido no es más que un ser humano y un individuo dentro de su sociedad y su nación. Y ya que entre todos los árabes no pudieron crear algo similar al Corán, es obvio que Muhammad, un árabe, tampoco lo pudo haber hecho. Tomando en cuenta también que el Profeta Muhammad (LPBDSCE) relató muchos hadices (correctos y otros con una cadena de transmisión libre de duda sobre su autenticidad y no queda sino creerlos), si se compara un hadiz del Profeta con una aleya del Corán, veremos que no existe similitud alguna entre ambos, pese a que él relataba los hadices y recitaba las aleyas reveladas al mismo tiempo, habían diferencias en el estilo. Las palabras de un hombre, por más que intente variarlas, se parecerán en el estilo ya que salen del mismo hombre; por ésto es que la ausencia de similitud alguna entre las palabras del Profeta (LPBDSCE)-los hadices- y las aleyas del Corán, es prueba de que Muhammad (LPBDSCE) no es autor del Corán. Además de que los árabes, que eran los que más sabían de los estilos del habla, nunca alegaron que Muhammad (LPBDSCE) fuese el autor del Corán o que sus palabras se parecían a las aleyas del Corán; al contrario, lo más que alegaron fue que Muhammad (LPBDSCE) lo recibía de un joven cristiano llamado Yibro - probablemente griego - y por eso Dios les refutó en el Corán: “Ya sabemos que dicen: en realidad es un ser humano el que le enseña. La lengua de aquel a quien se refieren no es árabe mientras que ésta es una lengua árabe clara”. Sura 16, Aleya 103.

                  Al comprobar que el Corán no es obra de los árabes ni de Muhammad (LPBDSCE), se hace evidente que es palabra de Dios y que quien lo transmitió a la humanidad lo recibió de Dios como un Milagro.

                  Ya que Muhammad (LPBDSCE) nos transmitió el Corán, y éste es la palabra y ley de Dios, y nadie recibe la ley de Dios sino los mensajeros y los profetas – como Moisés y Jesús (la Paz sea con ellos)-: Muhammad (LPBDSCE) es evidentemente un Profeta y Mensajero según nos lo muestra la misma lógica.

                  Esta es una evidencia lógica para la fe en Dios: la misión de Muhammad y de que el Corán es palabra de Dios.

                  Basándonos en esto –entre otras cosas- vemos que la fe en Dios es fruto de la razón y la lógica, y es a través de ambas que debe venir la fe, siendo éstas el pilar sobre el que se levanta la fe en las cosas que están ocultas para el hombre y en todo lo que Dios nos revela; porque ya que creemos en la existencia de Dios y que Éste tiene todos lo atributos divinos, debemos entonces creer en todo lo que nos revela Dios, sin importar si nuestra mente lo consigue comprender o que esté más allá de su comprensión. Por lo tanto: de vemos tener fe en la resurrección y reunión de los muertos, el paraíso y el infierno, la rendición de cuentas y el castigo; también en los ángeles, los genios, los satanases desviadores –y otras cosas que llegaron en el Corán o en un Hadiz libre de dudas sobres su autenticidad. La fe en todas estas cosas, aunque sean transmisiones y relatos, está basada en la lógica y la razón, porque el origen de las mismas es sustentado por la lógica y la razón. La fe del musulmán debe ser sustentada por la lógica o por algo más, que a su vez esté sustentado por la lógica. El musulmán debe creer en lo que se sustenta por la razón o por la transmisión oral que sea evidentemente auténtica y sin dudas de su origen -lo que está en el Corán y en los hadices del Profeta evidentemente auténticos.  Lo que no se sustente por estos dos medios mencionados, está prohibido y vedado para el musulmán creerlo, porque la fe no se adopta sino luego de la certeza dada por las evidencias auténticas.

                  Por eso debemos creer en lo que estuvo antes de la vida terrenal –Dios El Altísimo- y lo que vendrá después de ésta –El Juicio Final. Los mandamientos de Dios son el nexo entre la vida terrenal y lo que estuvo antes de la misma, además de ser la relación entre las criaturas. La rendición de cuentas sobre lo hecho por el hombre durante su vida, es lo que une la vida terrenal con lo que viene después de ella y la resurrección de los muertos. Porque esta vida terrenal debe estar ligada a lo que la precedió y lo que la sucederá; las obras del hombre en esta vida deben estar sujetas a esta relación. El hombre debe transitar en esta vida de acuerdo al orden divino y debe saber que Dios le tomará cuentas el día del juicio final por sus obras en esta vida.

                  Con esto habremos obtenido una forma de razonamiento iluminado de lo que está más allá del universo, la vida y la humanidad; también habremos obtenido una concepción bastante clara de lo que precedió a esta vida y lo que la sucederá, y de que la vida debe por fuerza estar ligada a ambas cosas. Con esto habremos roto la gran atadura y develado el gran misterio por medio de la fe islámica.

                  Es en este momento que el hombre – después de resolver el gran misterio- puede empezar a pensar en la vida terrenal y buscar las verdades que en ésta se originan. La misma solución del gran misterio sirve de base para el principio que se adopta como senda hacia el desarrollo pleno. Es también el punto de partida para la civilización  que se rige por este principio, será la base de todos sus códigos y de su gobierno mismo. La base sobre la cual se apoya el Islam –como ideología, doctrina y civilización- es la fe islámica.

                  “Vosotros que creéis! creed en Al-lah y en Su Mensajero así como en el libro que se ha hecho descender a Su Mensajero y en el libro que se hizo descender antes

                  Quien niegue la creencia en Al-lah, en Sus ángeles, en Sus libros, en Sus mensajeros y en el Último Día, se habrá alejado en gran extravío”. Sura 4, Aleya 136.

                  Luego de haber probado todo lo dicho anteriormente y haber demostrado que debe ser creído tal como es, concluimos diciendo: Todo musulmán debe creer en la Ley Islámica en su totalidad -porque nos llegó en el Sagrado Corán y a través del Profeta (LPBDSCE)-, caso contrario, es un negador de la verdad e infiel a su Dios Creador. Por eso es que rechazar la Ley Islámica en su totalidad o cualquiera de sus preceptos que sea de indubitable autenticidad, es apostasía y rechazo de la verdad, y no importa si estos preceptos están relacionados con los ritos, las transacciones, los castigos ejemplarizadores, o la alimentación. Así es que rechazar la aleya: “Estableced el Salat...”, es igual que rechazar: “Sin embargo Al-lah ha hecho lícito el comercio y ha prohibido la usura”, o rechazar: “Al ladrón y a la ladrona cortadles la mano”, o rechazar: “Se os prohíbe la carne del animal muerto por causa natural, la sangre, la carne de cerdo...”. La fe en la Ley Islámica no se limita a la aceptación de la misma en la mente, sino que es imprescindible la sumisión total a todo lo que de Dios provenga.

                  “Pero no, por tu Señor que no creerán hasta que no te acepten como árbitro en todo lo que sea motivo de litigio entre ellos y luego no encuentren en sí mismos nada que les impida aceptar lo que decidas y se sometan por completo”. Sura 4, Aleya 65.

“SHURA” (LA CONSULTA)

 

                  El principio de la consulta (Shura) es uno de los pilares del sistema de gobierno islámico; fue declarado en el Corán, mencionado en la Sunna Profética y es objeto de consenso de los eruditos. Es un derecho de la nación y una obligación del Califa (gobernante), y el descuido de esta práctica puede ocasionar la destitución del mismo Califa. El carácter obligatorio de esta práctica se obtiene del Sagrado Corán, la biografía del Profeta (la Paz y Bendiciones de Dios sean con él) y las palabras de los eruditos en derecho islámico.

                  PRIMERO.- Dijo Dios El Altísimo: “...y consultadles en las decisiones...” (Sura 3, Aleya 159), y es evidente que esta orden indica la obligatoriedad (de lo ordenado). Entre los comentarios sobre esta aleya nos dice Ibn Taimiya: “la persona en el poder no puede dejar la consulta de lado pues Dios el Altísimo se la ordenó a Su Profeta (LPBDSCE)”. Tenemos también en la exégesis de Altabari respecto a la misma aleya: “Ciertamente que Dios ordenó a Su Profeta (LPBDSCE) el consultarles (a los sahabis) en cada asunto como ejemplo a fin de que se guíen por él en este campo en cada situación que se les presente, y se consulten entre ellos. Vemos en la exégesis de Alrazi: “Dijo Alhasan y Sufian bin Uuiaina: Ciertamente            que prescribió aquello (Dios a Su Profeta la consulta), a fin de que otros lo tomen como pauta en la consulta y se torne ésta en tradición islámica”.

                  SEGUNDO.- Entre lo que confirma la obligatoriedad de la consulta para el jefe de  estado está el que el Profeta (LPBDSCE), con toda su capacidad y elevada posición, con bastante frecuencia consultaba a sus Sahabis; les consultó el día de Badr cómo atacarían a los idólatras; también les consultó el día de Uhud si debían quedarse dentro de la ciudad o debían salir a enfrentar a los incrédulos; les consultó el día del foso y le indicaron que no haga acuerdo alguno con los idólatras de darles los frutos de Medina a cambio de su retirada, y el Profeta (LPBDSCE) aceptó sus indicaciones. Así el Profeta (LPBDSCE) frecuentemente consultaba a sus Sahabis, tanto que los eruditos dicen “Nunca nadie consultó tanto a la gente como lo hizo el Profeta de Dios (LPBDSCE)”.

 

EL ABANDONO DE LA CONSULTA CAUSA LA DESTITUCIÓN DEL JEFE DE ESTADO.

                  Ya que la consulta es uno  de los derechos de la nación y es obligatoria para el jefe de estado, el descuido de la misma hasta el punto de abandonarla causa la destitución del mismo. El “Tafsir del Al-Qurtubi” nos dice: “Dijo Ibn Atiya: La Shura es uno de los pilares del derecho Islámico y una de las bases de las leyes, aquel que no consulta a las gentes de conocimiento ni a los religiosos debe ser destituido”. En un país islámico no hay lugar para el gobernante tirano o el arbitrario.  

SOBRE LA IMPORTANCIA DADA A LA SHURA EN EL ISLAM.

                  De lo anterior concluimos que la Shura ocupa un lugar de suma importancia en el sistema de gobierno islámico. La razón de ésto es -a nuestro parecer-: la consulta es el medio de saber la opinión correcta, pues todos los consultados expresa su opinión, las bases que sustentan a la misma y el alcance de las ventajas derivadas de su puesta en práctica. Es a través de la exposición de estas opiniones –junto a su comparación y discusión- que generalmente aparece la opción correcta. Está además el beneficio –sin esfuerzo- de la experiencia de los demás y sus conocimientos acumulados a través de largos años, muchos esfuerzos y duros sacrificios. Cabe recordar además que la consulta es la que impide que el gobernante ejecute acciones que perjudiquen a la nación, sin verlas perjudiciales –porque no hay cómo remediar el mal después de que acaece, como tampoco lo alivia el haber tenido buena intención-. El sistema de la Shura también trabaja como recordatorio a la nación de que ella es compañera del gobernante en todo; y para el gobernante de la nación es un recordatorio de que él es un representante de la nación en el uso del poder. En ambas funciones hay un impedimento para la tiranía y la opresión que son características en el ser humano.  

¿EN QUÉ SE APLICA LA CONSULTA?

                  La consulta se le efectúa al pueblo en todos los asuntos de la nación, y en los puntos del derecho islámico que no cuenta con textos específicos y están sujetos a la opinión de los eruditos con respecto a otros textos; en otras palabras: el jefe de estado debe consultar a su pueblo en los asuntos religiosos y los mundanales. Vemos en el “Tafsir de Al-Yassás” lo siguiente: “la consulta se aplica en los asuntos de la vida mundanal o de la religión que no cuentan con la revelación específica de Dios al respecto”. Los asuntos de la vida mundanal son por ejemplo: la movilización de tropas, declaración de guerra, firma de tratados, asignación de los puestos importantes en el estado para quien los merezca, etc. No es preciso aplicarla en todo y cada uno de los asuntos de la nación –hasta en los detalles más ínfimos-, pues eso sería imposible, innecesario e inútil, además de no existir pruebas del carácter obligatorio de ello.

¿QUIÉNES DEBEN SER CONSULTADOS?

                  ¿Quiénes deben ser consultados? ¿Debe el jefe de estado consultar a todos y cada uno de los ciudadanos? ¿A una parte? ¿A determinadas personas? Lo que nos muestra la vida del Profeta (LPBDSCE) y sus enseñanzas al respecto, es que él acostumbraba a consultar a todos los musulmanes los asuntos que les concernían directamente; como en el caso de salir a combatir a los idólatras en la batalla de Uhud, donde le dijo a la multitud presente en Medina: “indicadme”; o como el botín de Hauázin, el Profeta (LPBDSCE) se esforzó en conocer la opinión de  los musulmanes participantes en la guerra de Hauázin respecto al botín, pues les fue asignado. Se menciona en las crónicas que luego de que el Profeta (LPBDSCE) les manifestó su opinión, los musulmanes dijeron: “oh enviado de Dios, estamos complacidos y aceptamos”; y el Profeta (LPBDSCE) les dijo: “pasad por vuestros conocidos y decidles que opinen al respecto ante nosotros para que sepamos...”, e iba Said bin Zabet por entre los ansares diciéndoles: “¿Aceptaron?”, y le informaron que estaban todos complacidos y que nadie se había negado. Esta crónica nos muestra que los consultados deben ser todos los musulmanes que estén relacionados con las cosas en consulta. A veces el Profeta (LPBDSCE) consultaba a algunos de sus compañeros y no a todos, como sucedió con la suerte de los prisioneros de Badr. Pues el Profeta (LPBDSCE) consultó a algunos de sus compañeros –y no a todos- sobre si debían o no cobrar rescate por ellos. También consultó el Profeta (LPBDSCE) a Saad bin Muaád y a Saad bin Ubada sobre el tratado con los Ghatafán por el tercio de los frutos de Medina a cambio de que éstos desistan de atacar a los musulmanes durante la batalla del foso, dijeron: “oh enviado de Dios, si ésto es una orden desde lo alto, ejecutadla pues!; y si no tienes orden alguna al respecto y es tuya la elección, pues dinos y obedeceremos; pero si depende de la opinión, pues no tendrán sino la espada!”. El Profeta (LPBDSCE) tomó la opinión de ambos y desecho un acuerdo con Ghatafán.

                  Estos son los antecedentes confirmados de la tradición profética que nos indican a quiénes se debe consultar: a veces serán todos los musulmanes, otras serán todos los musulmanes presentes al tiempo de la consulta y relacionados con el tema de la consulta –como en el caso del botín de Hauázin-; en otras ocasiones, serán los que son obedecidos por su gente –como en el acuerdo con Ghatafán, donde consultó el Profeta (LPBDSCE) a los dos Saad de entre los señores de los ansares. A veces los consultados serán la gente con conocimiento, como en el caso de los prisioneros de Badr.

                  De lo anterior sacamos que los que son consultados por el jefe de estado en la Shura, varían según el tema en consulta para el que se necesite conocimiento, buen juicio y sutileza en el entendimiento; así pues, el jefe de estado debe consultar a la gente de conocimiento y experiencia. El Imam Al-Qurtubi nos dice al respecto: “Es obligación de los gobernantes consultar a la gente sobre las cosas que no conoce, o le son difíciles de comprender, de entre los asuntos de religión; en cuestiones bélicas, a los generales; en lo concerniente al beneficio público, a los líderes cívicos; y en lo relacionado a los intereses del estado, a los ministros y secretarios...según los eruditos: el consultado en religión debe ser un erudito temeroso de Dios, y el consultado en la cosas mundanales debe ser juicioso y de experiencia”.  

LA DIFERENCIA DE OPINIÓN ENTRE EL JEFE DE ESTADO Y LOS CUNSULTADOS.

                  ¿Qué se debe hacer en caso de suscitarse una diferencia de opinión entre el jefe de estado y los consultados?

            La solución está en lo que Al-lah mandó en el Corán: “Vosotros que creéis! Obedeced a Al-lah, obedeced al Mensajero y a aquellos de vosotros que tengan autoridad.

                  Y si disputáis sobre algo, remitidlo a Al-lah y al Mensajero, si creéis en Al-lah y en el último día.

                  Esto es preferible y tiene mejor resultado” (Sura 4, Aleya 59).

                  Se debe entonces, poner el tema en discusión sobre la balanza del Corán y la Sunna del Profeta. Sobre esto existe consenso entre los comentaristas del Corán; así es que si se halla la evidencia en el Corán o la Sunna, se la debe tomar inmediatamente y no se debe obedecer a quien dicte lo contrario. En caso de no hallarse una evidencia específica en el Corán o la Sunna, se tomará la opinión más de acuerdo con las pautas de ambos.  

EVIDENCIAS QUE INDICAN LA OBLIGACIÓN DE SEGUIR LA OPINIÓN DEL JEFE DE ESTADO, AUNQUE CONTRADIGA LA MAYORÍA.

                  PRIMERO: Dijo Dios en el Corán: “Si obedecieras a la mayoría de los que están en la tierra, te extraviarías del camino de Al-lah, ellos no siguen sino suposiciones, tan sólo conjeturan” (Sura 6, Aleya 116). Comentó Qatádah al respecto: “Dios ordenó a su Profeta ejecutar lo que hubiese decidido firmemente, y se encomiende a Dios y no a los que consultó”.

                  SEGUNDO: Los antecedentes en la antigüedad,  entre ellos lo hecho por el Califa Abu Bakr el creyente, con el ejército de Usámah y la guerra contra los apóstatas. El Profeta había nombrado a Usámah Jefe del Ejército Musulmán, que incluía a los más destacados y a los más bravos, y le ordenó marchar hacia Palestina, pero no había perdido aún de vista a Medina cuando el Profeta (LPBDSCE) murió. El ejército de Usámah se detuvo en las afueras de la ciudad hasta que Abu Bakr fue elegido Califa, Omar bin Aljatab le sugirió a Abu Bakr el traer de vuelta al ejército para tenerlo cerca y que ayude en la defensa de Medina contra los apóstatas –esta era la opinión de Omar y de los otros musulmanes- pero Abu Bakr rechazó esta opinión y dijo: “Por Dios, aunque supiera que las bestias correrían por entre mis piernas de no hacerles volver, no les haría regresar y no dispersaré ningún regimiento preparado por el enviado de Dios”.

                  La anécdota de los apóstatas es la siguiente: Muchos de los apóstatas se abstuvieron de pagar el Azaque, pero manteniendo la fe en Dios y Su Mensajero, y enviaron una comisión a Medina a fin de convencer al Califa de aprobar su acción; el Califa Abu Bakr rechazó la misma y dijo: “Por Dios que si me negasen hasta un cordel, les combatiría” y se mantuvo con esta posición a pesar de ser contraria a la de la mayoría, que opinaban que había que ser tolerantes en esta situación, ya que los musulmanes eran débiles y los apóstatas estaban rodeándoles y eran muy numerosos. Pero Abu Bakr se mantuvo firme y ejecutó lo que Dios le había mostrado de la verdad sin ceder ni cejar.

                  La evidencia en estos dos episodios pasados está en que Abu Bakr, el Jefe de Estado, mantuvo su opinión y la puso en práctica sin seguir a los demás aunque fuesen la mayoría.

                  TERCERO: El Califa – Jefe de Estado- se responsabiliza completamente por sus actos, por eso no es permitido el imponerle la ejecución de una opinión que él ve errada; ya que el ser completamente responsable por sus obras implica el ejecutarlas por voluntad y opinión propia, y no obrar y poner en práctica la opinión de otros obligado, aún desaprobándola y sin estar convencido de la misma, y luego ser responsabilizado por las misma y sus consecuencias.

                  CUARTO: Lo acertado o lo errado de una opinión, dependen puramente de la idea misma y su naturaleza, y no de la cantidad de gente que la exprese.

                  QUINTO: El número por sí mismo no es una prueba o evidencia para desechar lo correcto, como tampoco la poca cantidad es prueba o evidencia de lo incorrecto. La multitud puede caer en el error, y esta realidad fue mencionada por el Corán: “Y aunque te asombre su abundancia, lo malo nunca será como lo bueno” (Sura 5, Aleya 100).

                  SEXTO: En caso de guerra -que es lo peor que le puede suceder a una nación- el mando se entrega al Comandante en Jefe del Ejército para que ejecute lo que le parece conveniente de planes ofensivos y defensivos después de consultar a sus asesores; no está obligado a hacer lo que le dicen, pero sí a consultarles. Esto significa que hasta por instinto sabe el hombre que si se suscitan diferencias entre el líder y sus consejeros, lo mejor es dejar la decisión en manos del líder. Por eso se hace así durante la guerra, aunque los errores del Comandante en Jefe causen la derrota del ejército y desaparición de la nación; pero a pesar de lo último, esa es la mejor solución y por eso se aplica hasta nuestros días, por ser la más acertada solución cuando hay diferencias de opinión entre el líder y sus consejeros.

 

ALGUNAS DESVENTAJAS PLANTEADAS Y SUS CORRESPONDIETES RESPUESTAS.

                  Esto que les presentamos lo vemos como lo más conveniente, o más aún, vemos que es lo correcto. Aún así algunos lo rechazan replicando lo siguiente:

                  PRIMERO: El Profeta (LPBDSCE) ejecutó la opinión de la mayoría en el caso de la salida a combatir en la batalla de Uhud –que era el salir de la ciudad- a pesar de que el Profeta prefería no salir. La respuesta está en que el Profeta optó por la opinión de la mayoría porque ésta pasó a ser la suya y no porque la opinión de la mayoría sea la definitiva, que es el tópico de la discusión.

                  SEGUNDO: Dicen: “¿Cuál es el beneficio de la consulta si no se obliga al Jefe de Estado a seguir la opinión de los consultados o de su mayoría?” La respuesta es la siguiente: El fruto de la consulta es que así se obtiene la opinión correcta, y lo de esperarse del Jefe de Estado es que opte por lo correcto, si no lo hiciese así significa que lo motiva el capricho y la voluntad de oponerse.

                  TERCERO: Dicen: “Dios prescribió la consulta y esta orden implica poner en práctica la opinión de los consultados”. La respuesta es: La consulta no significa ejecución, y Dios prescribió la consulta. Se cumple con esta orden al realizar la consulta; sin embargo la ejecución es algo diferente y está en manos del Jefe de Estado según su elección, siempre y cuando el asunto no tenga algún dictamen específico que lo trate.  

EL DERECHO DEL INDIVIDUO A EXPRESAR SU OPINIÓN.

                  El hecho de que el Califa consulte a la gente de conocimiento y experiencia, no impide que el ciudadano común opine en los asuntos de gobierno y los acatos del Califa. La realidad es que todo ciudadano tiene el derecho de opinar si ve en ello algún bien o el evitar un mal. El origen legal de lo anterior está en la orden de Dios a cada musulmán de ordenar el bien y prohibir el mal, tanto que Dios lo mencionó como virtud de los creyentes al decir: “Los creyentes y las creyentes son aliados unos de otros, ordenan lo reconocido como bueno y prohíben lo reprobable, establecen el salat, entregan el zakat y obedecen a Al-lah y a Su Mensajero...” (Sura 9, Aleya 71). Además el Profeta dijo: “Quien de vosotros vea una mala acción que la cambie con su mano...” y está claro que esta orden implica que el ciudadano goce del derecho de expresarse a través de la obra de bien que ordena y el mal que prohíbe y quiere evitar. Este derecho es un complemento a la consulta, la lleva hacia adelante y va de acuerdo a la misma en los objetivos de conocer lo correcto y evitar las equivocaciones; ya que a los miembros de la Asamblea de Consulta les pueden faltar algunos datos que otros ciudadanos sí tienen. Es vedado al Califa, u otros en el gobierno, reprimir este derecho del ciudadano; así como es vedado para el ciudadano rechazarlo u obstruirlo, porque Dios le dio este derecho para poder cumplir con su obligación de ordenar lo bueno y prohibir lo malo.

                  Fue por esta razón que los buenos gobernantes educaron siempre al pueblo para que ejercite este derecho, animando a los ciudadanos a tenerlo como característica y les reprochándoles si lo abandonaban. Una vez un hombre le dijo al Califa Omar: ”Teme a Dios Omar” y Omar le dijo: “No hay otra forma, pues no hay bien en nosotros si no nos habláis así”. En un discurso el Califa Abu Bakr dijo: “Si lo hago correctamente colaboradme, y si me equivoco corregidme”.  

LÍMITES DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN.

            El derecho que tienen los ciudadanos de expresarse sobre los actos de los califas tiene normas y límites:

                  La intención debe ser darle sincero concejo al Califa. Relató el Imam Muslim que el Profeta dijo: “La religión es consejo”, dijimos: “¿Por quién? Dijo:”Por Dios, por su Profeta, por los líderes musulmanes y los creyentes en general”. Así que al expresar su opinión sobre las acciones de los gobernantes, el musulmán no lo puede hacer con la intención de agrandar sus errores, ni hacerlos famosos, ni minimizar sus errores ante la gente, ni levantar a la gente en su contra, ni nada similar de entre las intenciones malévolas que no sean por Dios ni por el bien del aconsejado o el público.

                  El anuncio de la opinión del individuo sobre los actos de los gobernantes debe estar basado en el conocimiento de las ciencias y leyes islámicas. No puede reprocharles ni despreciarles por decidir en asuntos que admiten la opinión personal de un erudito que quiere llegar a la verdad, ya que la opinión del que se expresa no está por encima de la del gobernante en estos casos.

                  Está vedado para los ciudadanos el luchar o causar revuelas contra quienes difieren  de su opinión; siempre que el tema en cuestión pueda tolerar, por un lado su opinión, y por otro la de otros, sin perder su significado.  

EL SISTEMA DE CONSULTA EN NUESTROS DÍAS.

                  Hemos mencionado los antecedentes dentro de la Tradición Profética en lo que respecta a la Shura, su conjunto nos demuestra que la Ley Islámica no dictó una forma específica para realizar esta consulta. Esto significa que la Ley dejó la organización de la consulta en manos de la misma nación islámica, a fin de que ésta decida cuál es la forma que más se adecua a su situación y haga realidad los objetivos de la consulta, además de obtener la opinión de la gente del país. Esto es uno de los méritos de la ley Islámica y una de sus previsiones para el futuro. Nos parece que lo que se adecua a nuestra época es que el pueblo elija a sus representantes en la Asamblea Consultiva, quienes serían consultados por el Jefe de Estado, y a la vez lo elegirían y nombrarían, siempre que el Jefe de Estado conserve el derecho de consultar a gente especialista en ciertos campos, además del derecho de consultar directamente a toda la nación en casos importantes; que se instituya un sistema minucioso y especial para realizar la consulta y todo lo que con ésta se relacione, basado en las directrices de la Ley Islámica en el campo de gobierno. También es necesario garantizar a los ciudadanos la libertad de expresión para que expresen su opinión sobre los asuntos de la nación dentro de los límites legales, no se permitirán por ejemplo: La difamación, la calumnia, los insultos, groserías ni mentiras o engaños con la excusa de la libertad de expresión. Nadie tiene derecho de causar corrupción a través de la libertad de expresión.

                  En verdad vemos que crear organismos no es suficiente para lograr unas elecciones limpias y correctas, como tampoco lo es para diferenciar entre la opinión honesta y legal, y el engaño y la mentira. Lo vital, además de las instituciones necesarias, es la divulgación de los principios de conducta islámicos, educar al individuo dentro de la fe islámica y el temor a Dios en lo privado y lo público. De esta forma es que se mantiene el hombre dentro de la ley y cumple su obligación de forma correcta, eligiendo a los miembros de la Asamblea Consultiva, expresando éstos su opinión, o cualquier individuo expresándose para bien de la nación.

Extraído del libro: “Pilares de la divulgación” del Dr. Abd Elkarim Zaidán.