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El hombre se desarrolla con lo que posee de conceptos sobre el
universo, la vida y la humanidad, y la relación de estos con lo que
precedió a la vida terrenal y lo que la sucederá. Es necesario
cambiar la forma de pensar del ser humano moderno con un cambio total
desde la base y luego darle una nueva forma de pensar con el fin de
que progrese. Porque la forma de pensar es la que origina los
conceptos sobre las cosas y les da firmaza. El hombre condiciona su
conducta en esta vida según los conceptos que tenga de la misma; por
ejemplo: los conceptos que un hombre tenga con respecto a una persona
que quiere, originarán la conducta que este hombre tenga para con
esta persona; de forma diferente actuará con una persona que odia y
que los conceptos que de ella tiene se resumen en odio, así como
actuará diferente ante una persona que no conoce ni posee concepto
alguno sobre ella. Es así, que la conducta humana está ligada a los
conceptos que tiene la persona; por lo tanto, cuando queremos cambiar
la baja conducta de una persona y deseamos tornarla en conducta
elevada, es indispensable cambiar su forma de pensar primeramente.
Dios dice en el Sagrado Corán:
“Cierto
que Al-lah no cambia lo que una gente tiene hasta que ellos no han
cambiado lo que hay en sí mismos”. Sura 13, Aleya 11.
El único camino para cambiar los conceptos es originando una
meditación en la vida terrenal misma, a fin de obtener conceptos
correctos sobre ella. Esta meditación no será productiva sino después
de meditar seriamente sobre el universo, la vida y la humanidad; además
de meditar en lo que había antes de la vida terrenal y lo que habrá
después, y la relación que ésta tiene con lo que la precedió y lo
que viene después de la misma. Esto se obtiene después de comprender
completamente qué es lo que hay más allá del universo, la vida y la
humanidad, ya que ésta es la base sobre la cual se sustentan nuestros
conceptos de la vida. La concepción total de todo ésto es la
liberación del ser humano de sus mayores ataduras; cuando éstas se
sueltan, todas las demás ataduras dependientes de las mismas también
lo hacen. Pero esta gran solución no lleva al desarrollo correcto si
no es una solución correcta que esté de acuerdo con la naturaleza
del hombre y logre satisfacer a la razón llenando el corazón con
tranquilidad.
No es posible encontrar esta solución correcta sino después
de meditar en el misterio del universo, la vida y la humanidad. Por
eso los que deseaban el desarrollo y transitar por un sendero elevado
debían primero resolver este gran misterios, desentrañándolo
completamente a través de la meditación iluminada. Esta solución
correcta es la Fe, que es la base en la cual se sustenta cualquier
otro concepto consecuente sobre la vida y los sistemas de vida.
El Islam se dirigió hacia este gran misterio y lo resolvió
para el hombre, con una solución que está de acuerdo con la
naturaleza del hombre, que llena la mente de convencimiento y el corazón
de paz. La entrada en el Islam tiene como requisito la aceptación de
esta solución, una aceptación que es fruto de la razón. El Islam se
ha establecido sobre una sola base que es la fe, que consiste en creer
que: detrás de este universo, la humanidad y la vida, existe un
creador que creó todo lo que éstos incluyen y creó todas las cosas;
este creados es Al-lah (Dios) El Altísimo, y creó todas las cosas de
la nada, es autoexistente, no fue creado (si lo fuese no sería
creador). El caracterizarse por ser creador impide que sea un ser
creado, significado que es autoexistente a la vez, porque todas las
cosas dependen de ÉL para su existencia y Él no depende de nada.
Las cosas necesitan de un creador que las cree, y ésto porque
todo lo que percibe la mente humana es el universo, la vida y la
humanidad, y éstas son cosas limitadas, son imperfectas, incapaces de
valerse por sí mismas y se necesitan unas a otras. El ser humano es
limitado ya que se desarrolla en todo siempre hasta un límite sin
trasponerlo, por eso es limitado. El universo también es limitado, ya
que es un conjunto de cuerpos y cada cuerpo de este conjunto es
limitado y finito; y el conjunto de cosas finitas y limitadas será
por lógica finito y limitado, por eso el universo el limitado. La
vida también es limitada porque se manifiesta sólo en unidades
individuales y es obvio que en algún momento se termina en estas
unidades, por ésto decimos que es limitada también. El ser humano,
la vida y el universo son limitados, y esto es evidente e indudable.
Cuando observamos a las cosas limitadas vemos que éstas no son
eternas, caso contrario no serían limitadas y finitas, por ésto es
que lo que es creado debe ser necesariamente creado por alguien más;
este alguien es el Creador del universo, la vida y la humanidad. Las
causas probables de la existencia de este Creador se resumen en tres:
1) Alguien más lo creó, 2) Se creó a sí mismo, 3) Es eterno
autoexistente. La primera posibilidad es incorrecta y debe desecharse,
porque de haberlo creado alguien más sería un ser limitado y finito.
La segunda posibilidad debe ser desechada también; porque de haberse
creado a sí mismo Él sería una creación de sí mismo y sería su
propio creador al mismo tiempo y esto es imposible. Por todo lo dicho
vemos que el creador debe ser eterno y autoexistente; y este creador
es Al-lah, Dios El Altísimo.
Todo ser con uso de razón comprende al meditar sobre las cosas
que captan sus sentidos, que todas éstas tienen un Creador que las
hizo; porque es evidente que estas cosas son imperfectas, incapaces de
valerse por sí mismas y se necesitan unas a otras. Por esto es
evidente que son creadas y por esto mismo es que al observar
atentamente cualquier cosa en el universo, la vida o la humanidad,
tendremos una prueba de la existencia de este Creador. Es así, que la
observación de cualquier astro de universo, el estudio de cualquiera
de las manifestaciones de la vida o la meditación sobre cualquiera de
los aspectos del ser humano, nos probará sin duda la existencia de
Al-lah, El Altísimo. Al notar la necesidad que tienen las cosas unas
de otras, comprendemos que indudablemente Al-lah El Creador existe. El
Sagrado Corán tiene muchas aleyas en este sentido, por ejemplo:
“Es cierto que en la creación de los cielos y de
la tierra y en la sucesión del día y la noche, hay signos para los
que saben reconocer la esencia de las cosas”. Sura 3, Aleya 190.
“Y parte de Sus signos es la creación de los cielos y de
la tierra y la diversidad de vuestras lenguas y colores”. Sura
30, Aleya 22.
“Es que no se fijan en lo camellos y cómo han sido creados? Y en el cielo y cómo ha sido elevado? Y en
las montañas, cómo han sido erigidas? Y en la tierra, cómo ha sido
extendida?” Sura 88, Aleyas 17-20.
“Que
mire el hombre de qué ha sido creado. Ha sido creado de agua
eyaculada que sale de entre la espina dorsal y las costillas”. Sura 86, Aleya 5-7.
“Ciertamente que en la creación de los cielos y de la
tierra, en la sucesión de la noche y el día, en la nave que navega
en el mar y de la que los hombres se benefician en el agua que Al-lah
hace descender del cielo con la que vivifica la tierra después de
haber estado muerta, en cómo se han diseminado por ella toda clase de
criaturas y en el cambio de dirección de los vientos y de las nubes
sometidas entre el cielo y la tierra, hay signos para una gente que
entienda”. Sura 2, Aleya 164.
Estas y muchas otras aleyas invitan al hombre a estudiar
profundamente las cosas, lo que le rodea y lo que con ello está
relacionado, para en esto basar su creencia en la existencia del
Creador y Legislador, y así tener la fe en Dios sustentada por la razón
y la evidencia.
Sí, la fe en el Creador y Legislador es algo instintivo en
cada ser humano. Sin embargo, esta fe instintiva aparece a través de
las emociones, y éstas son un camino de inseguro destino, además de
que no llevan a la concentración total si se confía en ellas
solamente. Los sentimientos aumentan muchas veces a las creencias
cosas falsas, suponiéndolas características imprescindibles del ser
en el que se cree, lo cual lleva a caer en la perdición o el rechazo
de la verdad. Y qué es la idolatría? Qué son las supersticiones y
los mitos sino fruto de los errores de las emociones? Por eso es que
el Islam no considera a las emociones
como el camino único a la fe, para que éstas no le den a Dios
atributos contrarios a la divinidad, o que posibiliten su corporeización
en objetos materiales, o creen la ilusión de acercarse a Él por
medio de la adoración de objetos materiales; lo cual lleva a la
negación de Dios, al politeísmo, a supersticiones o engaños, todas
cosas rechazadas por la fe sincera. Por eso es que el Islam prescribió
el uso de la razón junto con los sentimientos, siendo obligatorio que
cada musulmán se sirva de la razón cuando vive la fe en Dios, vedándose la imitación ciega en
cuestiones de creencia y poniendo a la razón como ente determinante
de la fe en Dios.
Dios dijo en el Sagrado Corán:
“Es cierto que en la
creación de los cielos y de la tierra y en la sucesión del día y la
noche, hay signos para los que saben reconocer la esencia de las
cosas” Sura 3, Aleya 109.
Por eso es que cada musulmán debe basar su fe en la meditación,
la observación y la investigación, dependiendo completamente de la
razón para su fe en Dios. La invitación al estudio del universo para
descubrir sus reglas y guiarse hacia la fe en su Renovador, es
repetida en el Corán cientos de veces, y todas están dirigidas a las
fuerzas racionales del hombre; le invitan a la observación y al análisis
a fin de que su fe sea basada en la razón y la evidencia, vedándole
el tomar lo que practiquen sus padres sin antes examinarlo, analizarlo
y tener plena seguridad de cuánta verdad contiene. Esta es la fe que
predica el Islam, y no es aquella que llaman “fe de viejos”; es la
fe del que buscó e investigó las evidencias, estudiando, observando
y finalmente razonando y analizando para así llegar, a través de la
observación y el raciocinio, a la plena seguridad y evidencia de Dios
El Todopoderoso.
A pesar de que el hombre está obligado a usar la razón para
llegar a la fe en Dios, no puede comprender lo que está más allá de
sus sentidos y su conciencia; esto es porque la mente humana es
limitada y su poder es limitado, por más que se desarrolle y se
eleve, por bordes intraspasables. Decimos entonces que el hombre tiene
una comprensión limitada, por eso es que el hombre no puede
comprender la misma esencia de Dios ni puede concebir su estado real,
porque Dios es algo más allá del universo, la vida y la humanidad.
La mente humana no puede comprender la realidad de lo que está más
allá de lo humano y por lo tanto no puede comprender la esencia de
Dios. La siguiente pregunta se hace inadmisible: “¿Cómo puedo
tener fe en Dios si mi mente es incapaz de comprender su esencia?” y
la razón es porque la fe de la que hablamos es en la existencia de
Dios y ésta se deduce por la existencia de sus criaturas, el
universo, la vida y la humanidad. Estas criaturas sí están dentro de
la capacidad de entendimiento del hombre, por eso éste logró
comprenderlas y al comprenderlas tuvo certeza de la existencia de
quien las creó, que es Al-lah (Dios). Por lo tanto, la existencia de
Dios es algo razonable que está dentro de los límites de lo lógico;
lo contrario nos sucede con la concepción de la esencia de Dios, algo
imposible. Porque Dios está más allá de lo que es el universo, la
vida y la humanidad, y por lo tanto más allá del alcance de nuestra
mente. La mente no puede comprender la realidad de lo está fuera de
su alcance, ya que es incapaz de hacerlo. Esta incapacidad debe ser a
la vez lo que refuerza la fe y no algo que cause dudas o desconfianza;
porque al ser nuestra fe en Dios algo obtenido a través de la razón,
nuestra certeza de su existencia es completa; y el hecho de que
nuestro sentir de la existencia de Dios esté acompañado y apoyado
por la razón, hace que nuestros sentimientos de la existencia de Dios
estén basados en algo evidente. De lo anterior vemos que tenemos
conocimiento cierto y, a la vez, sentimientos basados en evidencias
sobre los atributos divinos. La razón también nos hará entender que
no podemos entender la realidad de la esencia divina, sin importar lo
fuerte que sea nuestra fe, y que debemos conformarnos con lo que se
nos reveló de entre lo que no logra entender nuestra mente por su
natural incapacidad de no poder entender las cosas que están por
encima de ella, ya que sus posibilidades son relativas y limitadas.
Para que nuestra mente pueda entender esto debería tener
posibilidades ilimitadas y no relativas, cosa que el hombre no posee
ni podrá poseer.
En cuanto a la necesidad de mensajeros, que tenemos certeza de
que el hombre es criatura de Dios y de que la religiosidad es algo
instintivo en el hombre porque es parte de su naturaleza el santificar
a su Creador, esta santificación es lo que llamamos “Adoración”,
que es la relación entre el hombre y su creador. Esta relación, si
es dejada a la deriva y sin orden, se deformaría y nos llevaría
inclusive a la adoración de otros seres aparte del Creador; por eso
es que se hace imprescindible que esta relación esté sujeta a un
orden apropiado (la religión). Este orden no puede originarse en el
ser humano porque éste no puede entender el estado real del Creador
como para poder crear este orden entre él y su Creador; por lo tanto,
este orden debe ser obra del Creador y éste debe hacerlo conocer al
hombre, lo cual nos lleva a que es imprescindible la existencia de
mensajeros que hagan llegar la religión de Dios a la humanidad.
Otra prueba de que la gente necesita a los mensajeros está en
que el hombre necesita saciar sus instintos y satisfacer sus
necesidades orgánicas sin remedio. Este hecho de saciar los instintos
y satisfacer las necesidades orgánicas sin orden, conduce a formas
erradas de satisfacción o a desviaciones, ocasionando el bestialismo
en el hombre. Por lo tanto es imprescindible un sistema que ponga
orden en lo concerniente a los instintos y las necesidades orgánicas,
y este sistema no puede provenir del hombre mismo; porque la posición
de cada ser humano con respecto a sus instintos y necesidades orgánicas
está sujeta a diferencias, contradicciones, alteraciones y la
influencia del medio ambiente de cada ser humano. Si dejásemos que
cada ser humano tenga su propio sistema, éste se vería afectado por
las contradicciones, diferencias y la alterabilidad; lo cual causaría
que la bestialidad se apodere del hombre. Por lo tanto es evidente que
este sistema que rija debe provenir de Dios.
En lo tocante a que el Corán proviene de Dios; el
Corán es un libro en árabe revelado a través del Profeta Muhammad
(la Paz y las bendiciones de Dios Sean Con Él), por lo tanto existen
tres alternativas sobre su origen: 1)es obra de los árabes, 2) es
obra de Muhammad (PBDSCE), 3) proviene de Dios el Altísimo. No hay
sino estas tres posibilidades, ya que el Corán es árabe en su
lenguaje y estilo.
Probaremos primeramente que la posibilidad de que sea
obra de los árabes es falsa y debe ser descartada. Se les desafió a
presentar algo similar al Corán; Dios dice en el Corán: “Di:
traed diez suras inventadas semejantes y llamad a quien podáis fuera
de Al-lah si decís la verdad”. Sura 11, Aleya 13.
“Y si tenéis alguna duda sobre lo que hemos
revelado a Nuestro siervo, venid vosotros con una sura igual...”
Sura 2, Aleya 23.
Los árabes intentaron producir algo similar al Corán
y no pudieron, por lo tanto no es obra de los árabes ya que éstos
fueron incapaces de presentar algo semejante al Corán cuando fueron
desafiados a hacerlo y lo intentaron infructuosamente.
Ahora probaremos que es falso que el Corán provenga
del mismo Muhammad (LPBDSCE). Muhammad (LPBDSCE) era un árabe más de
entre todos los árabes; y por más inteligente que haya sido no es más
que un ser humano y un individuo dentro de su sociedad y su nación. Y
ya que entre todos los árabes no pudieron crear algo similar al Corán,
es obvio que Muhammad, un árabe, tampoco lo pudo haber hecho. Tomando
en cuenta también que el Profeta Muhammad (LPBDSCE) relató muchos
hadices (correctos y otros con una cadena de transmisión libre de
duda sobre su autenticidad y no queda sino creerlos), si se compara un
hadiz del Profeta con una aleya del Corán, veremos que no existe
similitud alguna entre ambos, pese a que él relataba los hadices y
recitaba las aleyas reveladas al mismo tiempo, habían diferencias en
el estilo. Las palabras de un hombre, por más que intente variarlas,
se parecerán en el estilo ya que salen del mismo hombre; por ésto es
que la ausencia de similitud alguna entre las palabras del Profeta (LPBDSCE)-los
hadices- y las aleyas del Corán, es prueba de que Muhammad (LPBDSCE)
no es autor del Corán. Además de que los árabes, que eran los que más
sabían de los estilos del habla, nunca alegaron que Muhammad (LPBDSCE)
fuese el autor del Corán o que sus palabras se parecían a las aleyas
del Corán; al contrario, lo más que alegaron fue que Muhammad (LPBDSCE)
lo recibía de un joven cristiano llamado Yibro - probablemente griego
- y por eso Dios les refutó en el Corán: “Ya sabemos que dicen:
en realidad es un ser humano el que le enseña. La lengua de aquel a
quien se refieren no es árabe mientras que ésta es una lengua árabe
clara”. Sura 16, Aleya 103.
Al comprobar que el Corán no es obra de los árabes
ni de Muhammad (LPBDSCE), se hace evidente que es palabra de Dios y
que quien lo transmitió a la humanidad lo recibió de Dios como un
Milagro.
Ya que Muhammad (LPBDSCE) nos transmitió el Corán,
y éste es la palabra y ley de Dios, y nadie recibe la ley de Dios
sino los mensajeros y los profetas – como Moisés y Jesús (la Paz
sea con ellos)-: Muhammad (LPBDSCE) es evidentemente un Profeta y
Mensajero según nos lo muestra la misma lógica.
Esta es una evidencia lógica para la fe en Dios: la
misión de Muhammad y de que el Corán es palabra de Dios.
Basándonos en esto –entre otras cosas- vemos que
la fe en Dios es fruto de la razón y la lógica, y es a través de
ambas que debe venir la fe, siendo éstas el pilar sobre el que se
levanta la fe en las cosas que están ocultas para el hombre y en todo
lo que Dios nos revela; porque ya que creemos en la existencia de Dios
y que Éste tiene todos lo atributos divinos, debemos entonces creer
en todo lo que nos revela Dios, sin importar si nuestra mente lo
consigue comprender o que esté más allá de su comprensión. Por lo
tanto: de vemos tener fe en la resurrección y reunión de los
muertos, el paraíso y el infierno, la rendición de cuentas y el
castigo; también en los ángeles, los genios, los satanases
desviadores –y otras cosas que llegaron en el Corán o en un Hadiz
libre de dudas sobres su autenticidad. La fe en todas estas cosas,
aunque sean transmisiones y relatos, está basada en la lógica y la
razón, porque el origen de las mismas es sustentado por la lógica y
la razón. La fe del musulmán debe ser sustentada por la lógica o
por algo más, que a su vez esté sustentado por la lógica. El musulmán
debe creer en lo que se sustenta por la razón o por la transmisión
oral que sea evidentemente auténtica y sin dudas de su origen -lo que
está en el Corán y en los hadices del Profeta evidentemente auténticos.
Lo que no se sustente por estos dos medios mencionados, está
prohibido y vedado para el musulmán creerlo, porque la fe no se
adopta sino luego de la certeza dada por las evidencias auténticas.
Por eso debemos creer en lo que estuvo antes de la
vida terrenal –Dios El Altísimo- y lo que vendrá después de ésta
–El Juicio Final. Los mandamientos de Dios son el nexo entre la vida
terrenal y lo que estuvo antes de la misma, además de ser la relación
entre las criaturas. La rendición de cuentas sobre lo hecho por el
hombre durante su vida, es lo que une la vida terrenal con lo que
viene después de ella y la resurrección de los muertos. Porque esta
vida terrenal debe estar ligada a lo que la precedió y lo que la
sucederá; las obras del hombre en esta vida deben estar sujetas a
esta relación. El hombre debe transitar en esta vida de acuerdo al
orden divino y debe saber que Dios le tomará cuentas el día del
juicio final por sus obras en esta vida.
Con esto habremos obtenido una forma de razonamiento
iluminado de lo que está más allá del universo, la vida y la
humanidad; también habremos obtenido una concepción bastante clara
de lo que precedió a esta vida y lo que la sucederá, y de que la
vida debe por fuerza estar ligada a ambas cosas. Con esto habremos
roto la gran atadura y develado el gran misterio por medio de la fe
islámica.
Es en este momento que el hombre – después de
resolver el gran misterio- puede empezar a pensar en la vida terrenal
y buscar las verdades que en ésta se originan. La misma solución del
gran misterio sirve de base para el principio que se adopta como senda
hacia el desarrollo pleno. Es también el punto de partida para la
civilización que se rige por este principio, será la base de todos sus códigos
y de su gobierno mismo. La base sobre la cual se apoya el Islam
–como ideología, doctrina y civilización- es la fe islámica.
“Vosotros que creéis! creed en Al-lah y en Su
Mensajero así como en el libro que se ha hecho descender a Su
Mensajero y en el libro que se hizo descender antes
Quien niegue la creencia en Al-lah, en Sus ángeles,
en Sus libros, en Sus mensajeros y en el Último Día, se habrá
alejado en gran extravío”.
Sura 4, Aleya 136.
Luego de haber probado todo lo dicho anteriormente y
haber demostrado que debe ser creído tal como es, concluimos
diciendo: Todo musulmán debe creer en la Ley Islámica en su
totalidad -porque nos llegó en el Sagrado Corán y a través del
Profeta (LPBDSCE)-, caso contrario, es un negador de la verdad e
infiel a su Dios Creador. Por eso es que rechazar la Ley Islámica en
su totalidad o cualquiera de sus preceptos que sea de indubitable
autenticidad, es apostasía y rechazo de la verdad, y no importa si
estos preceptos están relacionados con los ritos, las transacciones,
los castigos ejemplarizadores, o la alimentación. Así es que
rechazar la aleya: “Estableced el Salat...”, es igual que
rechazar: “Sin embargo Al-lah ha hecho lícito el comercio y ha
prohibido la usura”, o rechazar: “Al ladrón y a la ladrona
cortadles la mano”, o rechazar: “Se os prohíbe la carne
del animal muerto por causa natural, la sangre, la carne de
cerdo...”. La fe en la Ley Islámica no se limita a la aceptación
de la misma en la mente, sino que es imprescindible la sumisión total
a todo lo que de Dios provenga.
“Pero no, por tu Señor que no creerán hasta que
no te acepten como árbitro en todo lo que sea motivo de litigio entre
ellos y luego no encuentren en sí mismos nada que les impida aceptar
lo que decidas y se sometan por completo”. Sura 4, Aleya 65.
“SHURA”
(LA CONSULTA)
El principio de la consulta (Shura) es uno de los pilares del
sistema de gobierno islámico; fue declarado en el Corán, mencionado
en la Sunna Profética y es objeto de consenso de los eruditos. Es un
derecho de la nación y una obligación del Califa (gobernante), y el
descuido de esta práctica puede ocasionar la destitución del mismo
Califa. El carácter obligatorio de esta práctica se obtiene del
Sagrado Corán, la biografía del Profeta (la Paz y Bendiciones de
Dios sean con él) y las palabras de los eruditos en derecho islámico.
PRIMERO.- Dijo Dios El Altísimo:
“...y
consultadles en las decisiones...” (Sura 3, Aleya 159), y es
evidente que esta orden indica la obligatoriedad (de lo ordenado).
Entre los comentarios sobre esta aleya nos dice Ibn Taimiya: “la
persona en el poder no puede dejar la consulta de lado pues Dios el
Altísimo se la ordenó a Su Profeta (LPBDSCE)”. Tenemos también en
la exégesis de Altabari respecto a la misma aleya: “Ciertamente que
Dios ordenó a Su Profeta (LPBDSCE) el consultarles (a los sahabis) en
cada asunto como ejemplo a fin de que se guíen por él en este campo
en cada situación que se les presente, y se consulten entre ellos.
Vemos en la exégesis de Alrazi: “Dijo Alhasan y Sufian bin Uuiaina:
Ciertamente
que prescribió aquello (Dios a Su Profeta la consulta), a fin
de que otros lo tomen como pauta en la consulta y se torne ésta en
tradición islámica”.
SEGUNDO.- Entre lo que confirma la
obligatoriedad de la consulta para el jefe de
estado está el que el Profeta (LPBDSCE), con toda su capacidad
y elevada posición, con bastante frecuencia consultaba a sus Sahabis;
les consultó el día de Badr cómo atacarían a los idólatras; también
les consultó el día de Uhud si debían quedarse dentro de la ciudad
o debían salir a enfrentar a los incrédulos; les consultó el día
del foso y le indicaron que no haga acuerdo alguno con los idólatras
de darles los frutos de Medina a cambio de su retirada, y el Profeta (LPBDSCE)
aceptó sus indicaciones. Así el Profeta (LPBDSCE) frecuentemente
consultaba a sus Sahabis, tanto que los eruditos dicen “Nunca nadie
consultó tanto a la gente como lo hizo el Profeta de Dios (LPBDSCE)”.
EL
ABANDONO DE LA CONSULTA CAUSA LA DESTITUCIÓN DEL JEFE DE ESTADO.
Ya que la consulta es uno de los derechos de la nación y es obligatoria para el jefe
de estado, el descuido de la misma hasta el punto de abandonarla causa
la destitución del mismo. El “Tafsir del Al-Qurtubi” nos dice:
“Dijo Ibn Atiya: La Shura es uno de los pilares del derecho Islámico
y una de las bases de las leyes, aquel que no consulta a las gentes de
conocimiento ni a los religiosos debe ser destituido”. En un país
islámico no hay lugar para el gobernante tirano o el arbitrario.
SOBRE
LA IMPORTANCIA DADA A LA SHURA EN EL ISLAM.
De
lo anterior concluimos que la Shura ocupa un lugar de suma importancia
en el sistema de gobierno islámico. La razón de ésto es -a nuestro
parecer-: la consulta es el medio de saber la opinión correcta, pues
todos los consultados expresa su opinión, las bases que sustentan a
la misma y el alcance de las ventajas derivadas de su puesta en práctica.
Es a través de la exposición de estas opiniones –junto a su
comparación y discusión- que generalmente aparece la opción
correcta. Está además el beneficio –sin esfuerzo- de la
experiencia de los demás y sus conocimientos acumulados a través de
largos años, muchos esfuerzos y duros sacrificios. Cabe recordar además
que la consulta es la que impide que el gobernante ejecute acciones
que perjudiquen a la nación, sin verlas perjudiciales –porque no
hay cómo remediar el mal después de que acaece, como tampoco lo
alivia el haber tenido buena intención-. El sistema de la Shura también
trabaja como recordatorio a la nación de que ella es compañera del
gobernante en todo; y para el gobernante de la nación es un
recordatorio de que él es un representante de la nación en el uso
del poder. En ambas funciones hay un impedimento para la tiranía y la
opresión que son características en el ser humano.
¿EN
QUÉ SE APLICA LA CONSULTA?
La consulta se le efectúa al pueblo en todos los
asuntos de la nación, y en los puntos del derecho islámico que no
cuenta con textos específicos y están sujetos a la opinión de los
eruditos con respecto a otros textos; en otras palabras: el jefe de
estado debe consultar a su pueblo en los asuntos religiosos y los
mundanales. Vemos en el “Tafsir de Al-Yassás” lo siguiente: “la
consulta se aplica en los asuntos de la vida mundanal o de la religión
que no cuentan con la revelación específica de Dios al respecto”.
Los asuntos de la vida mundanal son por ejemplo: la movilización de
tropas, declaración de guerra, firma de tratados, asignación de los
puestos importantes en el estado para quien los merezca, etc. No es
preciso aplicarla en todo y cada uno de los asuntos de la nación
–hasta en los detalles más ínfimos-, pues eso sería imposible,
innecesario e inútil, además de no existir pruebas del carácter
obligatorio de ello.
¿QUIÉNES
DEBEN SER CONSULTADOS?
¿Quiénes deben ser consultados? ¿Debe el jefe de
estado consultar a todos y cada uno de los ciudadanos? ¿A una parte?
¿A determinadas personas? Lo que nos muestra la vida del Profeta (LPBDSCE)
y sus enseñanzas al respecto, es que él acostumbraba a consultar a
todos los musulmanes los asuntos que les concernían directamente;
como en el caso de salir a combatir a los idólatras en la batalla de
Uhud, donde le dijo a la multitud presente en Medina: “indicadme”;
o como el botín de Hauázin, el Profeta (LPBDSCE) se esforzó en
conocer la opinión de los musulmanes participantes en la guerra de Hauázin
respecto al botín, pues les fue asignado. Se menciona en las crónicas
que luego de que el Profeta (LPBDSCE) les manifestó su opinión, los
musulmanes dijeron: “oh enviado de Dios, estamos complacidos y
aceptamos”; y el Profeta (LPBDSCE) les dijo: “pasad por vuestros
conocidos y decidles que opinen al respecto ante nosotros para que
sepamos...”, e iba Said bin Zabet por entre los ansares diciéndoles:
“¿Aceptaron?”, y le informaron que estaban todos complacidos y
que nadie se había negado. Esta crónica nos muestra que los
consultados deben ser todos los musulmanes que estén relacionados con
las cosas en consulta. A veces el Profeta (LPBDSCE) consultaba a
algunos de sus compañeros y no a todos, como sucedió con la suerte
de los prisioneros de Badr. Pues el Profeta (LPBDSCE) consultó a
algunos de sus compañeros –y no a todos- sobre si debían o no
cobrar rescate por ellos. También consultó el Profeta (LPBDSCE) a
Saad bin Muaád y a Saad bin Ubada sobre el tratado con los Ghatafán
por el tercio de los frutos de Medina a cambio de que éstos desistan
de atacar a los musulmanes durante la batalla del foso, dijeron: “oh
enviado de Dios, si ésto es una orden desde lo alto, ejecutadla
pues!; y si no tienes orden alguna al respecto y es tuya la elección,
pues dinos y obedeceremos; pero si depende de la opinión, pues no
tendrán sino la espada!”. El Profeta (LPBDSCE) tomó la opinión de
ambos y desecho un acuerdo con Ghatafán.
Estos son los antecedentes confirmados de la tradición
profética que nos indican a quiénes se debe consultar: a veces serán
todos los musulmanes, otras serán todos los musulmanes presentes al
tiempo de la consulta y relacionados con el tema de la consulta
–como en el caso del botín de Hauázin-; en otras ocasiones, serán
los que son obedecidos por su gente –como en el acuerdo con Ghatafán,
donde consultó el Profeta (LPBDSCE) a los dos Saad de entre los señores
de los ansares. A veces los consultados serán la gente con
conocimiento, como en el caso de los prisioneros de Badr.
De lo anterior sacamos que los que son consultados por el jefe
de estado en la Shura, varían según el tema en consulta para el que
se necesite conocimiento, buen juicio y sutileza en el entendimiento;
así pues, el jefe de estado debe consultar a la gente de conocimiento
y experiencia. El Imam Al-Qurtubi nos dice al respecto: “Es obligación
de los gobernantes consultar a la gente sobre las cosas que no conoce,
o le son difíciles de comprender, de entre los asuntos de religión;
en cuestiones bélicas, a los generales; en lo concerniente al
beneficio público, a los líderes cívicos; y en lo relacionado a los
intereses del estado, a los ministros y secretarios...según los
eruditos: el consultado en religión debe ser un erudito temeroso de
Dios, y el consultado en la cosas mundanales debe ser juicioso y de
experiencia”.
LA
DIFERENCIA DE OPINIÓN ENTRE EL JEFE DE ESTADO Y LOS CUNSULTADOS.
¿Qué se debe hacer en caso de suscitarse una diferencia de
opinión entre el jefe de estado y los consultados?
La solución está en lo que Al-lah mandó en el Corán:
“Vosotros
que creéis! Obedeced a Al-lah, obedeced al Mensajero y a aquellos de
vosotros que tengan autoridad.
Y
si disputáis sobre algo, remitidlo a Al-lah y al Mensajero, si creéis
en Al-lah y en el último día.
Esto
es preferible y tiene mejor resultado”
(Sura 4, Aleya 59).
Se debe entonces, poner el tema en discusión sobre la balanza
del Corán y la Sunna del Profeta. Sobre esto existe consenso entre
los comentaristas del Corán; así es que si se halla la evidencia en
el Corán o la Sunna, se la debe tomar inmediatamente y no se debe
obedecer a quien dicte lo contrario. En caso de no hallarse una
evidencia específica en el Corán o la Sunna, se tomará la opinión
más de acuerdo con las pautas de ambos.
EVIDENCIAS
QUE INDICAN LA OBLIGACIÓN DE SEGUIR LA OPINIÓN DEL JEFE DE ESTADO,
AUNQUE CONTRADIGA LA MAYORÍA.
PRIMERO: Dijo Dios en el Corán:
“Si
obedecieras a la mayoría de los que están en la tierra, te extraviarías
del camino de Al-lah, ellos no siguen sino suposiciones, tan sólo
conjeturan” (Sura 6, Aleya 116). Comentó Qatádah al respecto:
“Dios ordenó a su Profeta ejecutar lo que hubiese decidido
firmemente, y se encomiende a Dios y no a los que consultó”.
SEGUNDO: Los antecedentes en la antigüedad,
entre ellos lo hecho por el Califa Abu Bakr el creyente, con el
ejército de Usámah y la guerra contra los apóstatas. El Profeta había
nombrado a Usámah Jefe del Ejército Musulmán, que incluía a los más
destacados y a los más bravos, y le ordenó marchar hacia Palestina,
pero no había perdido aún de vista a Medina cuando el Profeta (LPBDSCE)
murió. El ejército de Usámah se detuvo en las afueras de la ciudad
hasta que Abu Bakr fue elegido Califa, Omar bin Aljatab le sugirió a
Abu Bakr el traer de vuelta al ejército para tenerlo cerca y que
ayude en la defensa de Medina contra los apóstatas –esta era la
opinión de Omar y de los otros musulmanes- pero Abu Bakr rechazó
esta opinión y dijo: “Por Dios, aunque supiera que las bestias
correrían por entre mis piernas de no hacerles volver, no les haría
regresar y no dispersaré ningún regimiento preparado por el enviado
de Dios”.
La anécdota de los apóstatas es la siguiente:
Muchos de los apóstatas se abstuvieron de pagar el Azaque, pero
manteniendo la fe en Dios y Su Mensajero, y enviaron una comisión a
Medina a fin de convencer al Califa de aprobar su acción; el Califa
Abu Bakr rechazó la misma y dijo: “Por Dios que si me negasen hasta
un cordel, les combatiría” y se mantuvo con esta posición a pesar
de ser contraria a la de la mayoría, que opinaban que había que ser
tolerantes en esta situación, ya que los musulmanes eran débiles y
los apóstatas estaban rodeándoles y eran muy numerosos. Pero Abu
Bakr se mantuvo firme y ejecutó lo que Dios le había mostrado de la
verdad sin ceder ni cejar.
La evidencia en estos dos episodios pasados está en
que Abu Bakr, el Jefe de Estado, mantuvo su opinión y la puso en práctica
sin seguir a los demás aunque fuesen la mayoría.
TERCERO: El Califa – Jefe de Estado- se
responsabiliza completamente por sus actos, por eso no es permitido el
imponerle la ejecución de una opinión que él ve errada; ya que el
ser completamente responsable por sus obras implica el ejecutarlas por
voluntad y opinión propia, y no obrar y poner en práctica la opinión
de otros obligado, aún desaprobándola y sin estar convencido de la
misma, y luego ser responsabilizado por las misma y sus consecuencias.
CUARTO: Lo acertado o lo errado de una opinión,
dependen puramente de la idea misma y su naturaleza, y no de la
cantidad de gente que la exprese.
QUINTO: El número por sí mismo no es una
prueba o evidencia para desechar lo correcto, como tampoco la poca
cantidad es prueba o evidencia de lo incorrecto. La multitud puede
caer en el error, y esta realidad fue mencionada por el Corán: “Y
aunque te asombre su abundancia, lo malo nunca será como lo bueno” (Sura
5, Aleya 100).
SEXTO: En caso de guerra -que es lo peor que
le puede suceder a una nación- el mando se entrega al Comandante en
Jefe del Ejército para que ejecute lo que le parece conveniente de
planes ofensivos y defensivos después de consultar a sus asesores; no
está obligado a hacer lo que le dicen, pero sí a consultarles. Esto
significa que hasta por instinto sabe el hombre que si se suscitan
diferencias entre el líder y sus consejeros, lo mejor es dejar la
decisión en manos del líder. Por eso se hace así durante la guerra,
aunque los errores del Comandante en Jefe causen la derrota del ejército
y desaparición de la nación; pero a pesar de lo último, esa es la
mejor solución y por eso se aplica hasta nuestros días, por ser la más
acertada solución cuando hay diferencias de opinión entre el líder
y sus consejeros.
ALGUNAS
DESVENTAJAS PLANTEADAS Y SUS CORRESPONDIETES RESPUESTAS.
Esto que les presentamos lo vemos como lo más conveniente, o más
aún, vemos que es lo correcto. Aún así algunos lo rechazan
replicando lo siguiente:
PRIMERO: El Profeta (LPBDSCE) ejecutó la opinión de la
mayoría en el caso de la salida a combatir en la batalla de Uhud
–que era el salir de la ciudad- a pesar de que el Profeta prefería
no salir. La respuesta está en que el Profeta optó por la opinión
de la mayoría porque ésta pasó a ser la suya y no porque la opinión
de la mayoría sea la definitiva, que es el tópico de la discusión.
SEGUNDO: Dicen: “¿Cuál es el beneficio de la
consulta si no se obliga al Jefe de Estado a seguir la opinión de los
consultados o de su mayoría?” La respuesta es la siguiente: El
fruto de la consulta es que así se obtiene la opinión correcta, y lo
de esperarse del Jefe de Estado es que opte por lo correcto, si no lo
hiciese así significa que lo motiva el capricho y la voluntad de
oponerse.
TERCERO: Dicen: “Dios prescribió la consulta y esta
orden implica poner en práctica la opinión de los consultados”. La
respuesta es: La consulta no significa ejecución, y Dios prescribió
la consulta. Se cumple con esta orden al realizar la consulta; sin
embargo la ejecución es algo diferente y está en manos del Jefe de
Estado según su elección, siempre y cuando el asunto no tenga algún
dictamen específico que lo trate.
EL
DERECHO DEL INDIVIDUO A EXPRESAR SU OPINIÓN.
El hecho de que el Califa consulte a la gente de conocimiento y
experiencia, no impide que el ciudadano común opine en los asuntos de
gobierno y los acatos del Califa. La realidad es que todo ciudadano
tiene el derecho de opinar si ve en ello algún bien o el evitar un
mal. El origen legal de lo anterior está en la orden de Dios a cada
musulmán de ordenar el bien y prohibir el mal, tanto que Dios lo
mencionó como virtud de los creyentes al decir: “Los creyentes y
las creyentes son aliados unos de otros, ordenan lo reconocido como
bueno y prohíben lo reprobable, establecen el salat, entregan el
zakat y obedecen a Al-lah y a Su Mensajero...” (Sura 9, Aleya
71). Además el Profeta dijo: “Quien de vosotros vea una mala acción
que la cambie con su mano...” y está claro que esta orden implica
que el ciudadano goce del derecho de expresarse a través de la obra
de bien que ordena y el mal que prohíbe y quiere evitar. Este derecho
es un complemento a la consulta, la lleva hacia adelante y va de
acuerdo a la misma en los objetivos de conocer lo correcto y evitar
las equivocaciones; ya que a los miembros de la Asamblea de Consulta
les pueden faltar algunos datos que otros ciudadanos sí tienen. Es
vedado al Califa, u otros en el gobierno, reprimir este derecho del
ciudadano; así como es vedado para el ciudadano rechazarlo u
obstruirlo, porque Dios le dio este derecho para poder cumplir con su
obligación de ordenar lo bueno y prohibir lo malo.
Fue por esta razón que los buenos gobernantes educaron siempre
al pueblo para que ejercite este derecho, animando a los ciudadanos a
tenerlo como característica y les reprochándoles si lo abandonaban.
Una vez un hombre le dijo al Califa Omar: ”Teme a Dios Omar” y
Omar le dijo: “No hay otra forma, pues no hay bien en nosotros si no
nos habláis así”. En un discurso el Califa Abu Bakr dijo: “Si lo
hago correctamente colaboradme, y si me equivoco corregidme”.
LÍMITES
DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN.
El derecho que tienen los ciudadanos de expresarse sobre los
actos de los califas tiene normas y límites:
La intención debe ser darle sincero concejo al Califa. Relató
el Imam Muslim que el Profeta dijo: “La religión es consejo”,
dijimos: “¿Por quién? Dijo:”Por Dios, por su Profeta, por los líderes
musulmanes y los creyentes en general”. Así que al expresar su
opinión sobre las acciones de los gobernantes, el musulmán no lo
puede hacer con la intención de agrandar sus errores, ni hacerlos
famosos, ni minimizar sus errores ante la gente, ni levantar a la
gente en su contra, ni nada similar de entre las intenciones malévolas
que no sean por Dios ni por el bien del aconsejado o el público.
El anuncio de la opinión del individuo sobre los actos de los
gobernantes debe estar basado en el conocimiento de las ciencias y
leyes islámicas. No puede reprocharles ni despreciarles por decidir
en asuntos que admiten la opinión personal de un erudito que quiere
llegar a la verdad, ya que la opinión del que se expresa no está por
encima de la del gobernante en estos casos.
Está vedado para los ciudadanos el luchar o causar revuelas
contra quienes difieren de
su opinión; siempre que el tema en cuestión pueda tolerar, por un
lado su opinión, y por otro la de otros, sin perder su significado.
EL SISTEMA DE CONSULTA EN NUESTROS DÍAS.
Hemos mencionado los antecedentes dentro de la Tradición Profética
en lo que respecta a la Shura, su conjunto nos demuestra que la Ley
Islámica no dictó una forma específica para realizar esta consulta.
Esto significa que la Ley dejó la organización de la consulta en
manos de la misma nación islámica, a fin de que ésta decida cuál
es la forma que más se adecua a su situación y haga realidad los
objetivos de la consulta, además de obtener la opinión de la gente
del país. Esto es uno de los méritos de la ley Islámica y una de
sus previsiones para el futuro. Nos parece que lo que se adecua a
nuestra época es que el pueblo elija a sus representantes en la
Asamblea Consultiva, quienes serían consultados por el Jefe de
Estado, y a la vez lo elegirían y nombrarían, siempre que el Jefe de
Estado conserve el derecho de consultar a gente especialista en
ciertos campos, además del derecho de consultar directamente a toda
la nación en casos importantes; que se instituya un sistema minucioso
y especial para realizar la consulta y todo lo que con ésta se
relacione, basado en las directrices de la Ley Islámica en el campo
de gobierno. También es necesario garantizar a los ciudadanos la
libertad de expresión para que expresen su opinión sobre los asuntos
de la nación dentro de los límites legales, no se permitirán por
ejemplo: La difamación, la calumnia, los insultos, groserías ni
mentiras o engaños con la excusa de la libertad de expresión. Nadie
tiene derecho de causar corrupción a través de la libertad de
expresión.
En verdad vemos que crear organismos no es suficiente para
lograr unas elecciones limpias y correctas, como tampoco lo es para
diferenciar entre la opinión honesta y legal, y el engaño y la
mentira. Lo vital, además de las instituciones necesarias, es la
divulgación de los principios de conducta islámicos, educar al
individuo dentro de la fe islámica y el temor a Dios en lo privado y
lo público. De esta forma es que se mantiene el hombre dentro de la
ley y cumple su obligación de forma correcta, eligiendo a los
miembros de la Asamblea Consultiva, expresando éstos su opinión, o
cualquier individuo expresándose para bien de la nación.
Extraído del libro: “Pilares de la divulgación”
del Dr. Abd Elkarim Zaidán.
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