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“En el nombre de Dios, el clemente, el misericordioso” 

EL SENDERO HACIA EL ISLAM 

(9na. parte)

      RESEÑAS   BIOGRAFICAS  DEL PROFETA  MUHAMMAD  Y DE  LOS  ENVIADOS   QUE   LE  PRECEDIERON

  ADAN  - P.S.C.E

Padre  de la  humanidad, Dios le  creo   de  tierra  y dijo: ”sea“ y  fue. De  su mismo cuerpo, su  costilla, Dios   creó  su  cónyuge  Eva  y los situó  en el Paraíso, vedándoles  comer  los  frutos  de uno de sus árboles. Pero  el demonio  los sedujo  y desobedecieron a  su Señor. Dios  los expulsó  de  su  morada y los   puso  en la  tierra. Posteriormente Dios  los  perdonó.

Adán y Eva  vivieron  en la  tierra  constituyeron con sus  hijos la primera familia de creyentes   musulmanes. Narra el Corán:

Determinamos  que Adán habitara  en el paraíso con su esposa ¡disfrutad  de  él  con moderación, pero  no os  aproximéis a  ese   árbol porque  seréis inicuos! Pero Satanás  los  sedujo, impidiéndoles  disfrutar de la   felicidad. Y dijimos: ¡Descended  de  aquí!  Seréis  enemigos unos   de  otros  en la  tierra  y tendréis  en ella  residencia  y gozo  fugaz. Porque  Dios   es  Remisorio, Misericordioso” (2:35-37)

 

NOE  (P.S.C.E.)

            Pasando el largo periodo  desde  Adán, y luego de  generaciones  numerosas,  los hombres  se fueron apartando del monoteísmo  y de los mandamientos de Dios. Fueron  seducidos  por  Satanás  para  que adorasen ídolos  en vez  de Dios, y  esperaban mercedes  de ellos,  y se corrompieron, y se  propagó  el paganismo  y predominó  la  corrupción.

            Dios   envió a Nuh ( Noé)  para conducir   a  su pueblo  al  sendero  recto. Permaneció  Noé  novecientos  cincuenta  años   exhortado a  su  gente  a retornar  al Dios  Único, pero  se  empecinaron  en su  perfidia, y maltrataron a Noé  y ridiculizaron  su misión. Y  no creyó  en su   mensaje   sino   un pequeño  grupo  de  personas; Dios le dio  a  conocer   que  no habría  mas  adhesiones, y  Noé  suplico  al Señor  la salvación  de los  creyentes  y el fin de los  inicuos. Dios  oyó  sus  suplicas  y envió  el  diluvio, sobreviviendo  él  y los   creyentes en el arca, y pereciendo  los idólatras, entre ellos  su hijo  Kan'an  y su madre.

            El sagrado  Corán contiene  repetidas  referencias  de Noé  en veintiocho  suras, por   ejemplo:  

            “Enviamos  Noé  a  su pueblo; permaneció  entre ellos  novecientos  cincuenta   años  y el  diluvio  los sorprendió en medio de  su iniquidad” (29:14).

"Y  le dijeron: 'si no desistes, Noé, te  contarás entre los lapidados'. Y dijo: ¡Oh Señor mío! Ciertamente mi pueblo me desmiente; júzganos con equidad, sálvame y, con  los creyentes que están  conmigo. Y le salvamos, y  a quienes colmaban el arca con el. Y  anegamos a los demás. Por cierto que en esto hay un signo, pero su mayoría no cree. (26:116-121).

 

ABRAHAM

            Nació  Abraham (Ibrahim) en un  pueblo civilizado  que  adoraba  ídolos[1]. Dios  lo envió a  divulgar  el “Tawhid”,  o Unicidad  de  Dios, y  el abandono  de  la  idolatría.

Abraham comenzó con su  padre, diciendo:

            “ ¡Oh, padre  mío! He recibido  parte del conocimiento  que tú   no recibiste. Sígueme, y te conduciré  por  el sendero  recto ¡Padre  mío!  ¡No adores  a  Satanás  porque fue  rebelde  para con Dios Misericordioso! ¡Oh  padre mio! ¡Ciertamente, temo  que te  azote un castigo del misericordioso, y  serás  similar  a Satanás! “ (19:43-45).       

            Luego de eso, Abraham extendió su misión; destruyó las  figuras   de  los ídolos por amor  y devoción  al Dios  Único. Su pueblo  sentenció su ejecución  en el   fuego  a  menos que se  retractara, pero Abraham prefirió el holocausto y la obediencia. Pero el fuego  que  debía  abrazar a  Abraham fue para él  fresco y sosegado  por  gracia  de Dios.  

            “Entonces  (Abraham) les  dijo: por  ventura, adorareis, en   vez de  Dios , a  los no pueden  beneficiaros  ni  perjudicaros  en nada? Dejad  de lado  cuando  adoréis  en vez  de  Dios; ¿Acaso no  razonáis?" (21:66-67).  

            En  su senectud  Abraham  tuvo un hijo, Ismael, de su esposa Agar y Dios le ordenó  que los  confinase, abandonándolos, en   las  proximidades  de la Meca. Abraham cumplió  la  orden  divina  sin dudar.

            Madre   e hijo  quedaron  abandonados   en el desierto, pero a sus  pies  surgió una  vertiente, llamada luego Zamzam, que  les permitió  sobrevivir, y este hecho  determinó que  la tribu de Yurhum  acampara en torno a  este  manantial  de  agua  potable y  fundara  luego la  ciudad de  la Meca.

            Ismael creció  entre  los árabes  de la tribu  de Yurhum, y  en  su  pubertad fue   objeto  de otro dictamen  divino: Dios  ordenó  a  Abraham  inmolar  Ismael. Sin dudarlo, Abraham se dispuso  a acatar la orden divina.

Dios habla  en el Corán  del vigor  único de la fe de Abraham:

            "¡Oh, hijo! En  verdad  he  sonando  que   te   ofrecía  en  sacrificio; ¿Qué  opinas? Le   dijo: ¡Oh, padre mío! Haz  lo que   te  fue  ordenado. Me   encontrareis, si  Dios  quiere, entre  los perseverantes. Y  cuando  ambos   aceptaron  el  designo  divino  y Abraham  preparaba   a  su  hijo  para  el sacrificio , entonces  le  llamamos : ¡Oh  Abraham¡  Ya has  obedecido . por  cierto  que  así   recompensamos  a  los  que abran  rectamente ;  ciertamente  que  esta  fue  una verdadera  prueba. Y   substituimos a su  hijo por otro  sacrificio. Y le hicimos entrar  en la  posteridad” (37:102-106).

            Es  de notar  que  Ismael  es el antepasado  de una rama de los árabes  a la  cual  remonta   la  genealogía   del profeta  Muhammad, y no hay  prueba  alguna   de que el  inmolado fuera Isaac, segundo hijo de  Abraham de y su esposa Sara.

            Cuando Dios   determinó  construir  Su casa  elegida, en la Meca, encomendó  a  Abraham  edificarla, indicándole  el  lugar, y  este, con  su  hijo Ismael construyeron  el recinto, permaneciendo los   restos   de  esa  construcción  hasta   nuestros  días   en la  Ka'bah.

            Respecto a  la  disposición y actitud psicológica de  Abraham  e  Ismael  al erigir la “Casa   de  Dios“,  son descriptas  por  el Corán: 

            “Y cuando  Abraham e  Ismael  levantaban  los cimientos   de la casa  exclamaron: “¡Oh, Señor  nuestro!  Acéptala  de nosotros; porque    eres exorable, sapientísimo, ¡Oh Señor  nuestro! ¡Haz  de nosotros   dos entregados  a  ti  y que surja,  de  nuestras  descendencias, una  nación   consagrada  también a  ti, y  enséñanos  nuestros   ritos   y absuélvenos; porque Tú eres remisorio, Misericordioso“". (2:127-129)  

             Concluida  la construcción, Dios  reveló a  Abraham  que convoque   a  la peregrinación   a  esta   Casa para  Su  glorificación:  

            “Y  proclama  la peregrinación  a las gentes  y  vendrán a  ti  de toda  apartada  comarca, ya   a  pie, ya  cabalgando sobre magros  camellos. Para   atestiguar  sus  beneficios  y celebrar  el  Nombre de  Dios  en los días  consabidos” (22:27- 28).            

            Así, la   peregrinación  es una   deber   desde  que fue   construida  la  Ka'ba, hasta  hoy, y  es  uno de los pilares  del  Islam.

            Dios  reveló  a  Abraham  escrituras   sagradas   conteniendo  la  exhortación  a  la unicidad de Dios, y  un  código de vida.  

MOISES

            Dios envió a  Moisés  (Musa) a  los israelitas ( Bani Isra'il)  luego  de  muchos siglos,  posteriormente  a  la muerte  de Abraham, con   un libro  llamando  Torá (Taurat),  conteniendo las enseñanzas  y ley de Dios. A Moisés se le ordenó combatir  severamente el paganismo, la soberbia y el egoísmo. Dios le prometió al pueblo de Israel, si  le  creían a Moisés y le seguían, sálvarlos  del  despotismo  del Faraón  que  se  proclamaba “Dios de Egipto”. Los  milagros  divinos  a  través   de Moisés   fueron  numerosos, por  ejemplo;  el de su  bastón  que  se  transformo  en una serpiente , cuando Dios  liberó   a  los Israelitas,  de Faraón  y sus   huestes ahogándolos, y se  sintieron a salvo,  retornaron  a  su  paganismo  y perfidia. Conocemos  varios episodios  de  los israelitas  con Moisés, en  los cuales   oscilan  entre  la  fe  y el  paganismo  indecisos, ora  creyentes, ora escépticos; y debido a  eso, Dios  dirigiéndose al pueblo de  Moisés, dice en el  Corán:  

            “Recordad cuando  os  libramos  de la   dinastía de  Faraón  que  os infligía un cruel trato;  degollaba  a  vuestros  hijos y dejaba con vida  a vuestras   mujeres. En  ellos tuvisteis  una prueba de  vuestros  Señor. Y  de cuando os  liberamos  trayéndoos a través  de las aguas  abiertas  del mar, sumergiéndose en ellas  la  huestes de Faraón ante   vuestra  visita. Y  de  cuando  establecimos  el pacto de  las cuarenta  noches  con  Moisés   y con vosotros, y que, en   su ausencia, adorásteis el becerro  y os condenasteis. Y  de cuando afirmásteis. ¡Oh Moisés¡ no creeremos en ti hasta  que  veamos  a  Dios  concretamente, y  el  rayo  os  fulminó  cuando  mirabais. Entonces os resucitamos  para  que así, tal vez, nos ensalcéis. Pese a eso  vuestros  corazones se  endurecieron, son  como rocas y hasta más duros”. (2:49-56).

 

Y citamos  otro versículo  Coránico:  

            “Dijeron: 'nuestros   corazones   están insensibles'. Dios  les  maldijo  por su  incredulidad. ¡Cuán poco creen!“ (2:88).  

JESUS, EL HIJO DE MARIA,  SOBRE   AMBOS  SEA  LA  PAZ

            Cuando la  mujer de 'Imrán, la  Santa  Hannah, alcanzó  edad avanzada deseó   un  hijo. Sintiendo que  estaba   grávida,  elevó las  alabanzas a  Dios y prometió  que  el   niño le  sería  consagrado  a fin  de servir en  Bait  al Maqdis, el templo  de  Jerusalén,  si  era varón. Pero al nacer, vio que era de  sexo femenino  y le  dio  el nombre  de  Mariam (María). La  niña  fue creciendo  bajo los  cuidados  de su madre en un ambiente de pureza  y devoción a  Dios.

            Al llegar la niña  a la edad del discernimiento,  la  madre cumplió el voto  y la llevó al templo. Dirigiéndose  a los religiosos,  les  dijo: os entrego esta  prometida. Los sacerdotes se  sintieron muy felices con María, pues  era  huérfana  de  padre, 'Imrán, el que  había  sido el mayor  de  ellos.

            Debido al gran  celo y voluntad  de todos  en ser cuidadosos y gentiles con la pequeña, decidieron elegirle un tutor de  entre ellos. El designado  fue el profeta Zacarías,  casado con una tía  de Mariam, Este hizo construir un cuarto especial para  ella en la  Mezquita para  que  ahí adorara  a  Dios. Cada  vez   que Zacarías la  visitaba, encontraba frutas que no eran de  la estación  y extrañado preguntaba  de  donde procedían, y ella a decía: “ las  futras  vienen de  Dios, que agracia sin medida a  quien le  place“.

El Sagrado Corán  relata  este hecho:           

            “Acuérdate   de  cuando  la mujer de 'Imrán, dijo: ¡Oh, señor mío! Por cierto  que te he consagrado, íntegramente, el fruto  de  mis entrañas, acéptamelo, porque  eres Exorable, Sapientísimo. Y  cuando  le concibió, dijo: ¡Oh, Señor  mío! He concebido  una  mujer. Dios bien  sabía lo que lo que  había concebido, y que el   varón  no es   lo mismo que  la mujer. Heme  aquí que la he denominado  María  y la  amparo  en Ti, a ella   y a su descendencia, del  maldito  Satanás. Su señor  la  aceptó  complaciente  y la educó  esmeradamente, y la  confió  a  Zacarías. Cada  vez   que  Zacarías  la visitaba  en  oratorio, la   encontraba  provista de  alimentos, y le  decía: ¡Oh, María¡ ¿De  dónde   te ha  venido  esto? Y ella decía: ¡de Dios! ¡Por que Dios  agracia, sin   medida, a  quien   Le place!” (3:35-37)  

            Esas  gracias divinas a la virgen María  se constituían  en una  preparación  espiritual  y una   muestra adelantada del milagro  que haría   acontecer en ella.

            Maria era virgen  y sintió que  estaba   embarazada, y  concibió a  Isa (Jesús). Cuando   Mariam  se vio  con el  niño  en brazos, el caso  pareció grave  y le  dirigían  preguntas  llenas   de  acusación.  La   murmuración  creció  y se formo un  tumulto ante la Virgen, que  dirigió, suplicante, su   mirada   hacia  los cielos, pidiendo a Dios   que  probara  su  inocencia, y  Dios  hizo  hablar   al recién  nacido, Jesús (Isa), defendiendo  la   inocencia   de  su  madre . Citamos   el relato  coránico:  

            “Regresó a su pueblo llevándolo en sus brazos y le  dijeron ¡Oh María!  ¡He  aquí  que has   hecho  algo  inaudito¡ ¡Oh hermana  de  Aarón¡ ¡tu padre jamás  fue  un adultero, ni  tu madre   una prostituta! Entonces  les indicó  que interrogaran   al niño, y le  dijeron: ¿Cómo hablaremos  con un niño que  todavía esta  en la  cuna? Y él les  dijo: por  cierto que soy  el siervo  de  Dios,  que me  concederá  el libro y me designará profeta, me  hará benefactor  doquiera que esté  y me encomendará   la oración  y la limosna, mientras  viva; y  me  hará  piadoso  con mi  madre, y  jamás  permitirá  que  sea soberbio  ni  rebelde; la  paz fue   conmigo  el  día  en que  nací,  será  conmigo  el día   que  muera, y  el día   que  sea  resucitado. Este  es  Jesús, hijo de María, es la verdad de la cual dudan. Es  inadmisible   que Dios  tenga   un  hijo ¡Glorificado sea!  Cuando  decide   una cosa, le  basta  decir: sea, y es.  Y (le ordenamos que diga) que Dios  es  mi Señor  y el   vuestro ¡adoradle, pues! Este  es  el verdadero camino“ (19:27-36).  

            Creció Jesús  bajo  el cuidado   de su  Santa Madre  y recibió  la  revelación  de  que era   un profeta   y Dios  le   entregó  el evangelio. Y  predicó  unicidad   de  Dios  en Beit Lahm, Al Quds y Nasrat (Belén, Jerusalén y Nazaret). Algunos  creyeron  en él  pero la  mayoría de los israelíes no lo  aceptó y no lo acepta aún hoy.

            Dios  concedió  a  Jesús, como  a  otros  profetas, milagros  que  apoyaban   la veracidad  de su  prédica. Y  curaba   a los  enfermos   graves, leprosos y paralíticos, con el   poder   que  dimanaba   de Dios,  y  resucitaba   muertos, pidió  que se  descendiera  del  cielo  una  mesa   servida  para él   y sus  discípulos, para   convencer  a  los escépticos. Pero  a pesar  de  esos   prodigios  no creían  en él. Algunos lo divinizan por  su  nacimiento   sin  padre  y se olvidan  del nacimiento de  Adán, sin  madre ni padre, que   Dios creó sólo diciendo: “Sea”, y   fue. Y  de  la   creación   de Eva, que  nació  sin madre.

Relata  este  hecho en le sagrado Corán:  

            “Por  cierto  que  el caso  de Jesús  ante Dios, es   idéntico al de Adán, a  quien  el creó  de tierra; luego  le dijo ; “ Sea”  y fue”. (3:59).  

            Por eso , la  doctrina  islámica   afirma   que  Jesús, con  sus  milagros , ascetismo sin par  y elevación, es  una  de las criaturas   del  Señor  Supremo, un ser humano  sujeto  a  todas  las necesidades humanas, que   comía, caminaba   por las  calles y dormía. Porque  la naturaleza   divina  es  imposible  excepto  para Dios, y  la  condición  divina  es inmaterial. Por eso, en el Islam, el profeta  máximo, no sobrepasa  a  ningún   hombre  en su  condición humana.

            Aceptar a  Isa – Jesucristo -  es parte  importante de  la  fe  porque   es  uno de  los  profetas, enviados divinos. La  fe  en el  es indispensable. Quien  no lo acepta como mensajero de Dios no puede  aceptar a  Muhammad, y  quien cree  verdaderamente  en él  no puede  dejar  de  creer  en Muhammad.

Dice ALLAH:  

            “Diles: “ soy tan solo un mortal  como vosotros  a  quien  ha  sido  revelado  que vuestros Dios, es   un Dios  Único“ (18:110 ).  

            Y  Jesús anunció  que Muhammad  vendría  después de el:  

“Y cuando  Jesús , hijo de Maria, dijo: “ Oh, israelitas ¡ciertamente  soy el  apóstol  de Dios  enviado  a  vosotros , corroborándoos de cuanto de la Biblia  me  precedió y  albriciante, de un  apóstol que  vendrá después de mí  y cuyo  nombre  es  Ahmad". (61:6).

            “Di: Allah  es   único, Dios  es eterno; jamás engendro ni fue engendrado y  es  incomparable”. (Sura 111 Al Ijlâs)  

            En  el Islam,   se  recuerda  repetidamente  a  Jesús  y su santa madre. Encontramos en el sagrado Corán una sura  exclusiva dedicada a María, y que  lleva  su nombre  donde se relata el nacimiento  de  Jesús. Encontramos  asimismo  que  la  tercer  sura  del libro Sagrado  lleva el  nombre de “la  familia de  'Imrán”  que  era el padre   de la  virgen María. La  quinta   sura  se denomina “la  mesa   servida”, en  la  que   se  relata   el  descenso  de la cena   de los  cielos  para  Isa  y sus   compañeros. Dios nombra  en el  Sagrado Corán  veinticinco  veces   a Jesús   y  a  Maria  treinta   y cuatro.

            La fe  de  los musulmanes en Jesús  es  la  misma   que en él  tenían  los  discípulos. Los   evangelios   antiguos  se  calcula  que fueron  más de doscientos setenta, entre  ellos el de  Bernabé, del   que  se  encuentra   algunas  copias   en importantes  museos  europeos; varios de  esos   evangelios  declaran  que  Jesús  no es  Dios, ni  su  hijo de naturaleza  divina.  

            “¡Oh, adeptos   del  libro! No os  excedáis en  vuestra religión  y  no digáis   de  Dios  sino  la  verdad. El Mesías, Jesús, el hijo  de Maria, fue enviado   de Dios y su   verbo   con el  cual  Él  agració  a  Maria   por  intermedio  de Su  espíritu. Creed, pues, en   Allah  y Su enviado;  y no   digáis “trinidad”. Absteneos de eso,  será  mejor  para  vosotros; Sabéis que Dios  es uno ¡Glorificado  sea   y  librado de la  hipótesis de  haber  tenido  un hijo! A El pertenece  cuanto  hay  en los   cielos  y en la tierra, y es más  que suficiente   custodio. El  Mesías  jamás  afirmo  ser  sino  un siervo  de Allah, como  jamás  lo afirmaron  los Ángeles. Pero   quienes desdeñan  su  adoración  y  ensoberbezcan, el  les  hará  comparecer a  todos ante sí." (4:171-172).  

            En cuanto al  sentido  del término:  espíritu  de  Allah; significa  que cuando  fue   concebido  en su   madre por la  palabra   divina “KUN" (SEA) le  infundió con  esta palabra  su  espíritu   humano  por  intervención  directa.

            Las  autoridades  romana e israelí  que  gobernaban  Jerusalén  vieron  en Jesús  un peligro   que  amenazaba  su   despotismo  e idolatría. Ordenaron  que  fuera  crucificado, pero Jesús fue salvado  y ascendió  a  los  cielos por gracia de Dios, y tal vez otro   fue  crucificado  en su  lugar de manera que les pareció a sus verdugos haberle matado.

            Existen   numerosos  hadices del profeta Muhammad  que confirman la veracidad  del retorno  de Jesucristo a  la tierra, en los últimos tiempos, para   predicar el Tawhid y administrar justicia. Dijo,  por ejemplo, el profeta, según  relato  de  Nawâs ibn Sum'ân: “Cuando Dios  envíe  a Jesús, hijo  de  Maria, éste descenderá  junto  a un minarete  blanco  al este  de Damasco, con  dos capas  amarillas, apoyadas sus manos&n